martes, 15 de noviembre de 2011

Capitulo 8.


SOBREVIVIENTES.

Narra: Nixie Bauer.

¡¿Ni… xie?!
–  Sí… ¿Dónde están? –
– ¿Qué? No… en…endo… ¡…tamos… Cher… bil! ¿Dó… tás tú?
–  En Manhattan. Cerca de una planta nuclear. Quédate allí, voy para Boston –
–  ¿… Boston? ¿…qué lugar?
–  Al hotel dónde estábamos. Encontrémonos allí ¿bien? –
–  Si, le…  chicos… vamos… allá
–  Encontré gente, ¡sobrevivientes! –
–  Pues… más… mejor
–  Nos vemos. Te amo hermana –  
–  Adiós…

Apagué mi celular para ahorrar la poca energía que le quedaba y lo guardé en el bolsillo de mi pantalón. Había pasado la noche en el supermercado, rodeada de completos extraños… incluso uno de los sobrevivientes decidió por alguna razón ajena a mí desconfiar de todo lo que dije e intentar echarme del lugar; maravilloso. Es por esta razón que me vi obligada a esconderme en el depósito, para evitar que oídos indeseados escuchen mi conversación. Sin embargo, ahora debía salir sin ser vista.
Abrí la puerta lentamente y miré para ambos lados. Salí del depósito y giré hacia la izquierda donde, si mal no recuerdo, estaba la sección de los baños; la excusa perfecta por mi desaparición repentina. Caminé hacia allí, asegurándome de no chocarme con nada pero, como siempre, parecía que la suerte no estaba de mi lado.

         ¿Dónde estabas? –
         No es de tu incumbencia – respondí apretando los dientes.
         Claro que lo es. Ahora que estás aquí dentro con todos nosotros, no puedes desaparecer así como si nada. ¿Quién sabe lo que puedes estar tramando? –
         ¿Tramando? – reí secamente – Creo que te estás poniendo un poco paranoico Stu – sonreí de medio lado.
         No me llames así perra – dijo escupiendo las palabras.
         Disculpa… ¿Acaso me llamaste perra? Porque la única perra que veo aquí eres tú, idiota – respondí entrecerrando mis ojos.

Este tipo me estaba haciendo enfadar y eso nunca ha sido bueno para nadie, ni siquiera para mí misma.

         Cuidado con lo que dices muñeca, no sea cosa de que te arrepientas luego –
         ¿Me estás amenazando? –
         Piensa lo que quieras. Sólo te digo que tengas cuidado de ahora en adelante –
         Vaya, ¿quién lo diría? Si era una amenaza – reí – Pero creo que el que debería estar asustado aquí eres tú, no yo, ¿o acaso debo recordarte lo desesperados que estaban por conseguir armas y municiones? Sin mí están perdidos, ¿entiendes? No son nada – dije molesta.

Se quedo con las palabras en la boca y la vena en la sien al límite de la explosión mientras veía como me iba de regreso al hall principal, con una sonrisa de victoria en el rostro. No era mucho pero siempre me gustó ganar, hasta en las discusiones más idiotas y sin sentido en las que me viera envuelta, después de todo, no quería ser menos que nadie.
Cuando llegué al centro del lugar John se acercó a preguntarme dónde había estado, claro que no lo hizo como el otro inútil, por lo que le respondí sin problema.

         Estaba hablando con Mischa –
         ¿Mischa? – preguntó un tipo.
         Sí, Mischa, mi hermana –
         ¿La de Boston? – preguntó John.
         ¿Con quién más? – bufé.
         ¿Cómo te comunicaste? Creí que los teléfonos del lugar no tenían señal –
         Con mi celular. Yo también me sorprendí cuando atendió – dije con honestidad.
         ¿Qué le dijiste? –
         Que había encontrado sobrevivientes y que iría al hotel donde estábamos ahora mismo
         ¡No puedes irte! ¡Necesitamos tus armas! –
         ¡No pienso quedarme aquí de brazos cruzados mientras mi hermana está ahí afuera luchando por su vida contra esas asquerosas cosas! –
         Estás siendo egoísta, ¡piensa en nosotros! –
         ¡No tengo por qué pensar en ustedes, apenas los conozco hace 12 horas! – grité – Además, ¿estás diciendo que no querrías ir a buscar a tu hijo si estuviera solo y perdido lejos de ti? –

John se quedó callado unos momentos, pensando en lo que acababa de decirle. Aunque no quisiera admitirlo, estaba nerviosa. ¿Qué sucedería si se negaba a que me vaya? ¿Qué haría para detenerme? No quería saberlo.

         Bien – dijo – No me opondré a eso, pero quisiera que consideraras mi oferta –
         ¿Qué oferta? –
         Vamos contigo –
         Estás demente. Sólo tengo mi motocicleta para viajar y definitivamente no me haré responsable de todos ustedes –
         No sería necesario. Nosotros tenemos autos y camionetas y unas pocas armas que nos quedaron en el almacén para protegernos. Sólo necesitamos tu experiencia… por favor… no quiero vivir sufriendo con la incertidumbre de que los zombies entren al lugar, necesito moverme, salir de aquí… no, no sólo yo, todos nosotros… -
         No lo sé… -

Todos me observaban expectantes y a su vez, esperanzados. ¿Tan mal estaban? Dios… era demasiada responsabilidad para mi sola. Al final, terminé aceptando, ¿qué podía pasar? A mi no me sucedió nada cuando escapé de Boston… aunque es cierto que estaba sola y en una motocicleta, que es mucho más rápida que cualquiera de sus transportes.
Empacaron todo y lo pusieron en la parte trasera de un gran camión para repartir mercaderías, el cual iba a ser conducido por Stu. Los demás guardaron en bolsos y mochilas las pocas pertenencias que pudieron salvar en su huída de las ciudades y los arrojaron en los baúles de los autos. Una anciana decidió hacer nombre de mi mala suerte y me dio una mochila rosada de Hello Kitty para que guardara lo que necesitara, muchos reían mientras los demás miraban atónitos la situación. Tomé la mochila a regañadientes, no podía negarme, y recorrí todo el lugar buscando provisiones. Cuando terminé nos dirigimos a la entrada tapiada desde el interior con maderas, el pequeño grupo temblaba en anticipación a lo que vendría, víctimas de aquel miedo aterrador que tan poco conocía.

         Dividiremos la salida en distintas etapas ¿bien? – pregunté girándome hacia ellos -  Primero debemos quitar las maderas con el mínimo de ruido posible; luego irán hacia los vehículos, alguien deberá esperar al momento adecuado para levantar la cortina de hierro; yo saldré por esta puerta e iré a buscar mi motocicleta mientras la persona que se quede se encarga de la cortina; finalmente salen todos y nos encontramos en primera curva de la autopista, ¿entendido? –

Todos asintieron, haciéndome saber que depositaban sus vidas en mis manos. Miré a los hombres mientras quitaban los tablones de madera, suspiré profundamente dándome la fuerza psicológica que necesitaba y con un leve movimiento de mano, indiqué que el escape comenzaba en ese momento. Corrieron hacia el estacionamiento, habíamos acordado un límite de 15 minutos para comenzar con la tercera etapa del plan. Conté los interminables segundos, golpeando mi pie contra el suelo ansiosamente. Finalmente, se cumplió el límite de tiempo, tomé una última bocanada de aire mientras tomaba mi arma entre mis manos y corrí hacia la puerta abriéndola de una patada y saliendo al exterior.

El panorama ante mí era totalmente enfermizo, el olor a cadáveres en descomposición era tan  repulsivo que casi vómito ahí mismo. Los cuerpos inertes caminaban entre los escombros, buscando vida de la que alimentarse para apaciguar su insaciable hambre; algunos clavaban sus uñas astilladas en las paredes en intentos desesperados por ingresar a los edificios. Caminé sigilosamente entre los autos estacionados en la entrada del supermercado hasta que vi lo que buscaba, mi BMW F 800 S negra. Con una última mirada a mí alrededor me lancé hacia ella, tiré la mochila sobre mi hombro, me calcé el casco y salí de allí a toda velocidad seguida por aquellos repugnantes zombies. Llegué al punto de encuentro y esperé a los demás, quienes aparecieron unos minutos más tarde.


         ¡No puedo creer que estemos vivos! –
          ¡Todo esto es gracias a ti! –
         ¡Te debemos tanto niña! –
         No fue nada, en serio… Pero no es momento de celebrar, primero debemos llegar a un lugar seguro –

Condujimos sin detenernos durante horas, no sé cuántas ni tampoco me interesa saberlo. Cuando entramos en Boston ya estaba oscureciendo, por lo que saqué mi celular del bolsillo de mi pantalón y marqué el número de ella.

         ¿Nixie? ¿Dónde estás?
         Acabamos de ingresar en Boston, estamos yendo al hotel –
         De acuerdo. Apresúrense, está anocheciendo y no es seguro aquí fuera
         Lo sé, nos vemos – corté.
         El hotel está en esa dirección – dije apuntando con mi dedo índice hacia el sur – Llegaremos en 15 minutos así que apresúrense. Al llegar podrán descansar –

Pasaron los 15 minutos, fueron los más largos de mi vida. Mientras más nos acercábamos pude reconocer el auto de Charlie estacionado en un costado del hotel. Estacioné mi motocicleta y me bajé corriendo hacia la puerta. La abrí de un golpe, sin preocuparme por el ruido que pudiera hacer.

         ¡¡Mischa!! – grité con todas mis fuerzas.
         Nixie… - susurró.
         Mischa… lo siento – lloriqueé abrazándola – Lo siento tanto… -
         Shh, está bien pequeña… me alegra que estés bien – sonrió.

“Escucha bien, amor, lo que te digo pues creo no habrá otra ocasión para decirte que no me arrepiento de haberte conocido.”

No hay comentarios:

Publicar un comentario