miércoles, 20 de julio de 2011

Capitulo 4.

NO, NO LO HAGAS...
Narra: Nixie Bauer.

El ruido del motor se detuvo frente al hotel en el que nos hospedábamos, descendimos de la motocicleta y nos encaminamos a la puerta de entrada. Subimos los pisos correspondientes por escalera, los elevadores no funcionaban, al igual que los demás aparatos electrónicos del lugar.  El lugar que normalmente no tenía mucha concurrencia se encontraba completamente vacío, desierto, sin nadie que atendiera el mostrador o limpiara los pisos… realmente, una imagen desoladora.
Llegamos a la puerta de nuestra habitación y entramos. En su interior nos encontramos con Charlie y Derek, quienes nos esperaban nerviosos.

         No saben como me alegra verlas – dijo Charlie, abrazándo a Mischa y luego a mí – Estábamos muy preocupados –
         ¿Cómo se les ocurre preocuparse por nosotras? Si somos como dioses – dije con humor.
         ¿Qué hacen aquí? – preguntó Mischa.
         Vimos por las noticias las alertas por el derrame nuclear y los zombies; una de las ciudades sitiadas por esas cosas era Boston – dijo Derek, quien luego de Charlie, nos abrazó a cada una de nosotras. – Sólo queríamos ver si estaban a salvo –

“Es en esas situaciones críticas que aprendes a mirar y distinguir a aquellas personas que sienten verdadera preocupación por ti.” Tan cierto… a veces resulta imposible imaginar mi vida sin estos dos hombres, siempre junto a nosotras, protegiéndonos.

         ¿Qué es lo que haremos ahora? – pregunté más para mí que para los demás.
         Empezaremos por irnos de aquí, iremos a un lugar más seguro que este – dijo Derek.
         ¿De qué lugar estaríamos hablando? – pregunté.
         Londres – respondió sonriendo Charlie.
         Tienes que estar bromeando – bufó Mischa – ¿Todo lo que hicimos para terminar yendo a Inglaterra? –
         Eso parece – contestó Charlie
         De eso ni hablar. No pienso embarcarme en un avión a otro continente – dije.
         No seas testaruda Nixie – dijo Derek – Es el mejor lugar. Apartado, otro país, otro continente, con un océano de por medio… la peste no llegará hasta allá –

Oh, si supiera cuan equivocado estaba… Empacamos las pocas cosas que habíamos sacado de nuestras maletas, bajamos las escaleras y nos dirigimos a la puerta trasera del hotel, donde habían dejado estacionado el BMW de la empresa de Frederick.

         ¡Esperen, mi motocicleta! – grité.
         No puedes llevarla – dijo Derek.

Y con eso, me tomo por los brazos y me metió dentro del coche, mientras pateaba y me sacudía violentamente en un intento de zafarme de su agarre.
Él parecía no escuchar a mis súplicas, su abrazo se hacía más y más fuerte en su lucha por meterme en el automóvil, mientras que de mis ojos comenzaban a brotar lágrimas que se escapaban sin control y corrían por mis mejillas.

         ¡Estás lastimándola! – gritó Mischa – ¡Detente Derek! –

Pero ya era demasiado tarde. Para cuando Derek pareció reaccionar al griterío a su alrededor, estaba recibiendo un golpe Jab en la nariz de parte de Mischa.
Me soltó y caí al piso arrodillada, pero no pensaba quedarme ahí a esperar a que alguien más me agarrara, así que me levanté y corrí en dirección a la puerta principal. En mi carrera hacia la entrada pude oír a mi hermana gritándome desesperadamente que regresara, que era peligroso… pero ya no podía volver, no tenía marcha atrás… la adrenalina se había adueñado de mi cuerpo y en lo único que pensaba era en llegar a mi motocicleta, montarme en ella e irme bien lejos de todos estos sicópatas que me rodeaban, olvidarme de todo.

         ¡Nixie, por favor, detente! –
         Ya es tarde –  susurre – Ya es tarde… –
         ¡Nixie! –

Su alarido de dolor fue lo último que escuché antes de salir a la calle.

Gritos… gritos eran lo único que se oía en esa calle que fue la avenida principal por la que transité esa mañana. Aquellas cosas inertes se me acercaban a una velocidad sorprendente, tan rápido que no tuve tiempo de siquiera acercarme a mi objetivo. Ella salió como una bala del hotel, arma en mano, y disparando a esas cosas sin piedad y sin medir las consecuencias… estábamos rodeadas por ellos. Estaba tan ocupada observando a mi hermana dispararles a esas desagradables cosas que no noté los brazos que me rodearon por la cintura y arrojaron por una alcantarilla que allí había, haciendo que cayera en el desagüe de la ciudad, seguida rápidamente por Mischa y por el hombre que nos había salvado de morir.

         ¿Quién eres? – pregunté mientras lo apuntaba con el arma que acababa de sacar de mis pantalones –  ¿Cómo te llamas? –
         Murphy… Murphy MacManus – respondió.

“Cuando mantienes el resentimiento hacia otra persona, creas una cadena emocional que es más fuerte que el hierro. El perdón es la única manera de romper esa cadena y liberarse (…) y es que mantener la rabia y el dolor solamente tensa tus músculos, te da dolor de cabeza y hace que tus dientes rechinen (…) Entonces el perdón es lo que da alivio a la vida.”

Este no es el fin… ni siquiera se encuentra cerca, y es que contigo siento que puedo sobrellevar todas mis miserias.

sábado, 9 de julio de 2011

Capitulo 3.

NO CREAS QUE NO LO HE PENSADO...
Narra: Mischa Bauer.

Los pesados recuerdos comenzaban a atormentarme de una manera permanente, quisiera poder tomar decisiones sin pensar en el bienestar de aquella chica que cargo bajo mi poder de autoridad. Su cuerpo reposado junto a mí en este lugar me traía más de algunas viejas memorias, como aquel paseo familiar… el primero sin mamá.
Me asomé por la ventana para ver ya el aclarecido día, encendí el viejo televisor que teníamos en nuestra nueva casa, más bien dicho guarida. La cosa era en blanco y negro, lo que me hacía sentir mas desdichada… ¿acaso podría empeorar nuestra situación? Y la verdad es que sí. Las noticias, con grandes letras llamativas de quien sabe que color, pero blancas para mis ojos, llamaban mi atención.
Esta habitación del hotel hacía retumbar el sonido escandaloso del periodista que mostraba ese televisor, su gran micrófono llamaba mi atención y no me dejaba procesar lo que veía… miles de personas muertas, parecía un holocausto.

“Gran alarma nuclear en Manhattan, miles de personas muertas y otras tantas con graves daños en su piel… hemos visto cosas malas, pero nada se compara con esto. Parece sacado de una película de terror… la gente grita con fuerza y te persigue sin razón, para ser sincero tengo mucho miedo… no sabemos con que más nos vamos a encontrar…”

            – Pero que diablos está pasando… - dije sorprendida.

Nixie despertó con ese pequeño y suave susurro, me miró con la vista cansada, recién estaba despertando de un largo sueño, su siesta matutina, es una vaga en todas sus letras.

            – ¿Qué pasó?
– No lo creerías, pero acaba de desbordarse una planta nuclear cerca de aquí – pestañeé lentamente.
            – ¿Si? No me importa – rió.
            – Nunca te importa nada – reí.
            – Mejor así, menos preocupaciones…

Tenía razón, lo que papá siempre nos dijo “Mientras menos preocupaciones, mucho mejor…” ¿Por qué diablos teníamos que ser tan diferentes entre nosotras? Ella tan igual al viejo y yo tan igual a mamá, diablos… a veces las cosas sin darnos cuenta son más abrumadoras.

            – Será mejor que pongamos en marcha todo
            – ¿A qué te refieres? – bufó media dormida aún.
– Tenemos que comprar las cosas para el lugar donde viviremos, debemos comprarnos ropa nueva, hacernos un cambio de estilo: cortes de pelo, marcas, tatuajes… ya sabes idiota. Oh y buscar un lugar donde vivir, no pienso quedarme en esta habitación de hotel todo este tiempo…
– Eres tan gruñona que a veces no te soporto – me sacó la lengua.
– Infantil – reí.

Nos levantamos ya vestidas porque así dormimos, tomé mi chaqueta y nos sentamos en esa mesa casi vacía que había junto al televisor antiguo. Nixie trajo a la mesa una maleta grande y pesada que dentro de ella tenía todas nuestras falsas identidades, nuestras pelucas, nuestros pasaportes falsos… todo lo que no éramos.

“Nunca abandones a aquel ser que te acompañó en ese intenso y largo recorrido, aunque nunca quisiste formar parte de su vida, estuviste presente en ella más tiempo del que tu recuerdas“.

Aceleramos los motores, salimos en esa motocicleta que suele conducir mi hermana, su juguete favorito, llegamos a la tienda de ropa… no sabíamos que elegir, ahora debíamos parecer diferentes, elegantes y sofisticadas, mujeres de la alta sociedad.

– ¿Estás segura que debo comprarme esto? – bufó Nixie probándose vestidos de alta costura.
– Claro, es lo necesario para que los sujetos crean que somos como ellos – levanté una ceja.
– No me gusta el rosa, además no me combina – rió poniendo una de sus caras burlonas.
– Pues elige otro color idiota – reí
– Es que debo parecer una chica tonta, entonces el rosa es más común entre las tontas que cualquier otro tipo de color, además… creo que me veo más delgada
– Como digas – seguí riendo.

La chica que nos tomaba las medidas nos miraba riendo, se debe haber sentido incómoda con nuestra pelea sin sentido, hubo un momento que se sintieron estruendos por la vía pública, con Nixie nos asombramos, la chica fue a ver que estaba sucediendo y no volvió más…

            – ¿Dónde diablos se metió? – fruncí el seño.
            – Quizá esto es un asalto – rió Nixie.
            – ¿Trajiste las armas?
            – Como olvidar a las pequeñas – sonrió de costado.

Nos sacamos esos lujosos vestidos y nos vestimos como estamos usualmente, nos quitamos las pelucas al ver el lugar ampliamente vacío.

            – Esto no pinta nada bien… - miré de costado a Nixie.
            – Pero que diablos… - apuntó a un televisor en lo alto.

“ALERTA EN MANHATTAN, SEATTLE, BOSTON, WASHINGTON…”

            – Pero que está pasando…
            – No lo sé, pero lo averiguaremos… - dijo decidida.

Corrió sigilosamente a la vitrina que dejaba resaltar unos bellos trajes masculinos y femeninos, y por entre los maniquís pudo ver a gente corriendo de un lugar a otro, autos chocando unos con otros y mucha sangre que hacia resaltar a los cadáveres en medio de la avenida.

            – Mischa… creo que tienes que ver esto… - gritó desde la ventanilla.

Caminé hasta donde ella estaba, sigilosamente me adentré entre los maniquís y pude observar el caos que había afuera, era como una de esas películas aterradoras que no te gustaría ver sola de noche.

            – ¿Pero que…? – abrí grandes mis ojos.
            – ¿Son… zombies? – me miró asombrada.
            – Eso parece…

Tranquilamente salimos del lugar con nuestras armas en la mano, miramos el lugar en donde estaba estacionada la motocicleta y nos miramos pensativas al ver nuestro transporte rodeado de esas cosas caminantes, sin raciocinio.

            – ¡Mi motocicleta….! – hizo pucheros.
– Calma, tú dispárales a los del oriente y yo a los del occidente, así la montamos rápido y nos llevas al hotel ¿de acuerdo? – la miré dándole una orden.
            – Bien, hagámoslo – rió como una loca.

Sonreí de costado y nos acercamos con cuidado, ella por un lado y yo por el otro, asintió y comenzamos a disparar a quemarropa. Esto no pintaba nada bien, con el ruido se acercaban más y más de esos cuerpos sin vida, inertes… la adrenalina comenzaba a hacer efecto en cada una, de una manera diferente. Ella comenzaba a actuar sin pensar en las consecuencias y yo iniciaba mis pensamientos calculadores, toda situación ameritaba una acción y un desenlace producido por mi parte.

            – Estas cosas parecen multiplicarse – gritó en frente mío, rodeada de ellos.
            – ¡Solo dispara! – grité con un miedo sin sentido.

El olor que provenía de esos cuerpos caminantes era repugnante, daba asco y nauseas ácidas, nunca en mi vida había sentido tantas ganas de vomitar. Nixie llegó a la motocicleta y los cuerpos comenzaron a acercarse más y más, las balas se me estaban agotando y la desesperación en mí estaba apareciendo…

            – ¡Vámonos de aquí Mischa! – encendió el motor.

Aceleró llevándose tras ella unos cuantos, pero abandonándome allí entre una gran multitud que se me estaba viniendo encima.
– ¡Hija de puta… como se le ocurre abandonarme ahora…! - grité disgustada mientras disparaba en las cabezas de los sujetos.

Sentí su motor acercándose a la lejanía, una mano tomó mi brazo y me hizo sentar tras ella, guardé mi arma y emprendimos el rumbo al hotel, que sí… quedaba muy lejos.

            – Pensé que me habías dejado…
            – No soy una cobarde como tu crees hermanita – dijo enojada.
            – ¿Qué son esas cosas? – susurré mirando atrás.
            – No lo sé, pero sean lo que sean están por todas partes…

Me sujeté de su cintura, tiré el arma sin balas y cargué la otra que tenía, mi teléfono sonó… era Charlie.

            – ¿Dónde están…? – preguntaba agitado.
            – En medio de una horda de zombies… ¿y tú? – dije agobiada.
– ¿Qué? ¿Zombies? Demonios… vayan al hotel rápido, con Derek vamos en camino. – cortó acelerado.
            – ¿Quién era?
            – Charlie… vienen en camino con Derek…
            – No puedo creer que esto esté pasando… - susurré.

“El camino se pone difícil, las mentiras destruyen todo tipo de esperanza futura que alguna vez surgió entre dos seres… ¿podrás volver a confiar nuevamente en alguien que no dudó en mentirte una vez? Hay un 99% de que sus palabras sean falsas, si una vez lo hicieron ¿quién dice que no lo harán otra vez?”

Oh madre… dondequiera que estés, ayúdanos.

Capitulo 2.

COMIENZA EL JUEGO...
Narra: Nixie Bauer.

- Nixie - La voz de Mischa me despertó de mi tranquilo sueño – Despiértate Nixie -

Forcé mis ojos a que se abrieran y miré el reloj sobre mi mesa de luz.

- ¡Maldita seas Mischa! ¡Son las seis de la mañana! - gruñí. Madrugar, definitivamente no es lo mío. Sin embargo, hizo como si no hubiera notado el tono molesto en mi voz.
- Anda, tenemos que empacar -
- ¿Empacar para qué? ¡No me digas que la policía nos encontró! - grité saltando de un brinco de mi cama. 

Mischa me miraba con una de sus caras.

- Claro que no idiota - rió – Frederick nos encomendó una nueva misión, ¿lo olvidaste? -
- ¿Enserio piensas que voy a realizar un asesinato que resulte beneficioso para el viejo ese? ¿Después de que Charlie nos dijera que nos quiere matar? – le pregunté perpleja.
- De hecho… sí - volvió a reír. Dios, como odio que se ría en momentos como estos.
- Estás demente - la miré seria.
- ¡Más respeto! - me dio un leve golpe en la cabeza – Tengo un plan -

La miré atenta. Realmente no era cosa de ella idear planes.

Luego de que me explicara su plan, no podía estar más sorprendida. Si lo efectuábamos correctamente, era justo lo que necesitábamos para salir vivas de esto. Sólo debíamos preguntarle a Charlie y a Derek si estaban dispuestos a ayudarnos aunque, conociéndolos como los conocía, sería capaz de apostar mi brazo derecho a que aceptarían. Además, los tipos como ellos tienen ese gusto por la acción y las peleas que supongo, es por los genes masculinos.

- Así que mejor empaca. Nos vamos en una hora -
- ¿Dónde es que iremos? - pregunté.
- Boston - sonrió.

“No eches raíces en un sitio, muévete, pues no eres un árbol, para ello tienes dos pies. El hombre más sabio es el que sabe que su hogar es tan grande como pueda imaginar…”

Tomé una ducha rápida, me vestí, sequé y alisé mi cabello, delineé mis ojos y comencé a empacar mis cosas. Justo cuando logré cerrar mi última maleta un auto hizo sonar su bocina desde la entrada. Pude oír a mi hermana gritándome para que bajara.

 - ¿En qué piensas tan concentrada? - me preguntó Mischa, sacándome de mis pensamientos.
- Oh, en nada… no te preocupes - respondí mordiendo mi labio inferior.
- Pues a juzgar por tu mirada y por como haces con la boca no creo que sea nada - dijo –Sabes que puedes contarme pequeña -
- Es que se me ocurrió pensar que para llevar a cabo tu idea, con sólo el apoyo de Charlie y Derek, no será suficiente y, sino encontramos más personas u otra agencia que nos secunde para acabar con Frederick, lo más seguro es que nos maten a los cuatro si decidimos atacar -

Un silencio incómodo se hizo presente entre nosotras.

- Jamás permitiría que te hicieran daño ni que te alejaran de mí. Desde la muerte de mamá hemos estado juntas, cuidándonos la una a la otra. En estos 24 años nunca nos hemos separado y la verdad, no pienso comenzar ahora -

Una emoción tranquilizadora recorrió mi cuerpo. Aunque sonara egoísta, me alegraba saber que estaría con ella en toda circunstancia, pasara lo que pasara y que nadie, mucho menos un maldito viejo, podría separarnos.

- Te amo enana - me dijo abrazándome.
- Al igual que yo a ti anciana - respondí riéndome.


El viaje duró un día y medio. Al llegar a Boston nos dirigimos a un hotel desde donde me comuniqué con Derek.

- ¿…Hola? - me contestó dormido desde su teléfono.
- ¿Derek? - pregunté.
- ¿Nixie? - preguntó asombrado.
- Lamento llamar tan tarde y haberte despertado - dije.
- No te preocupes - sentí que sonreía del otro lado de la línea mientras ahogaba un bostezo.
- Es que necesitaba hablarte de algo importante -
- Está bien. ¿Qué sucede? - curioso, preguntó.
- … - guardé silencio.
- ¿Nixie? –
- Derek… estamos en Boston –

Guardó silencio. Los minutos se transformaron en horas, parecía que nunca se acabaría. Comencé a cuestionar la decisión que había tomado de llamarlo. Mischa me lo había advertido.

- Deberías esperar hasta mañana en la mañana. Estará más despierto y lúcido para comprender el plan. Además, para la hora en que lo llames yo ya habré hablado con Charlie. Tú sabes como es él, siempre reaccionando “torpemente” a lo que no le gusta y, déjame decirte, que no le agradará que estés aquí. Charlie podrá tranquilizarlo.

- ¿Sigues ahí? – me atreví a preguntar luego de una interminable espera.
- Sí, aquí estoy – respondió.
- ¿Estás enojado? – pregunté tímidamente.
- No estoy conforme con la situación – respondió de manera tajante.
- Lo siento – contesté – Pero esta es la única manera de vengarnos –
- ¿Qué hay de los pasajes para Londres? Eran un excelente plan que por su testarudez no quisieron seguir. –
- No vamos a huir de él, Derek. ¡Mató a nuestra madre! Esta venganza nos corresponde… -
- ¡No estoy discutiendo eso! ¡¿Qué no ven que son dos niñas, dos estúpidas niñas que no saben en lo que se están metiendo?! –
- ¡Momento! ¡No somos ni niñas, ni estúpidas! ¡Tú eres el idiota que no quiere comprender! –
- Mira… no quise decir que lo fueran, es sólo que me preocupan. Especialmente tú Nixie. Sueles ser tan testaruda y explosiva que temo que al enfrentarte a Frederick salgas herida. – dijo ya más tranquilo.
- ¿Sugieres que soy mala en lo que hago? – pregunté de manera fría y dura.
- No, claro que no. Eres excelente en tu trabajo. Sólo… suponte que llegaran a estar frente a frente con el viejo. No dejará que lo maten, no quiere que lo maten, por lo que intentará todas las salidas posibles para escapar. Claro está que no puede competir en lo físico dado a la gran diferencia de edad. Eso significa que su única salida será atacarlas por el lado psicológico. –
- No veo el problema. Somos duras y frías cuando es necesario –
- ¡Por Dios Nixie! – contestó frustrado – Utilizará a su madre como arma –

La respuesta cayó sobre mí como un balde de agua fría. ¡¿Cómo nunca se me pasó por la cabeza?! Era tan obvio que jamás lo pensé.

- Lamento haberte gritado de esa manera – dijo.
- Está bien – contesté.
- Me preocupas cariño – respondió.

Buena manera de hacerme sentir mejor.

- Increíble. Esta debe ser la primera vez que me llamas así – dije con asombro.
- No es cierto – rió – Es la segunda –
  
“El amor de tus hijos y hacia tus hijos, es eso que te hace despertar cada día, te da aliento, esperanzas y fuerzas para afrontar todos los obstáculos y retos que se te presenten en la vida. (…) Y al final, agradecerás a Dios por ese amor que te acompañó cuando más lo necesitabas.”  Sabias frases de nuestra madre Monick.

Si no fuera por ella, su dedicación y este hermoso libro de frases que me sacó de tantas depresiones, no estaría aquí. Porque la verdad, lo único que se necesita para salir adelante es una frase, una palabra o, incluso, un suspiro de aliento.