Narra: Mischa Bauer.
“¿Continúas
creyendo que eres indispensable? Créeme cuando te digo que debes vivir tu
propia vida… cierras los ojos y al segundo te das cuenta que hasta tu propia
sombra ya te abandonó. Es momento de que comiences a pensar solo en ti.”
Preparamos todas las armas,
llenamos las recargas vacías… era tiempo de moverse. Mi hermana seguía pensando
que lo que haríamos era un poco arriesgado, pero debíamos hacerlo, no teníamos
tiempo que perder.
Caminamos por los pasillos oscuros
de esa cosa, yo y Nixie para demostrar que éramos confiables, desde la puerta
vimos que estaban todos atentos mirando hacía acá esperando una señal o algo
que les indicara que era tiempo de moverse.
–
¿Estás
segura de esto? – pregunté sin mirarle.
–
Somos
asesinas profesionales, no será la primera vez que lo hacemos Mischa… –
respondió como en los viejos tiempos
–
Espero que luego no te
arrepientas de esto – la miré de costado.
–
Yo haré mi trabajo… tú has
el tuyo – me miró desafiante.
–
Me parece bien – bufé
molesta.
Movimos nuestros brazos indicándole
a la gente que podían avanzar… Que la zona era segura. Pero era mentira.
Comenzaron a correr, sonreían de
felicidad, me daban asco…
Entonces tomé el brazo de mi
hermana y nos escondimos tras unos muebles inmensos que por el pasillo había,
teníamos una vista privilegiada para ver como volarían los sesos de todos esos
imbéciles que confiaron ciegamente en una asesina profesional.
Primero entró la anciana, todos se
detuvieron luego para inspeccionar con la mirada todo lo que se alcanzaba a
ver, estaba oscuro y era claro que desconfiarían en primera instancia. Entonces
el plan comenzó.
–
Vengan
por aquí – gritó Nixie desde la profunda oscuridad, atrayéndolos a su final.
–
Vamos, su
voz proviene desde allá – dijo Stu.
–
Perfecto… – susurré.
Entonces poco a poco comenzaron a
caminar, pasaban junto a mí y siquiera se percataron de mi presencia. Veía como
todos iban cerca el uno del otro para no abandonar a nadie, y cuando la última
persona del grupo pasó por delante de mis ojos… corrí hasta la entrada y sellé
la puerta con un tablón que había por allí.
El pánico comenzó y los gritos
desaforados por parte de la muchedumbre atrajeron a nuestras mascotitas. Volví
a esconderme, pero esta vez por sobre el mueble en donde ya había estado, pude
observar como poco a poco iban cayendo cada uno, mordidos en el cuello, en el
brazo… en la cara. Era un paisaje hermoso y aterrador que me hizo sentir bien
después de mucho tiempo.
Podía escuchar algunos comentarios
inteligentes de ellos, como “Era una trampa,
¿Por qué nos hicieron esto?” etcétera, me daba igual lo que pensaran. No
saldrían vivos después de esto.
Un grupo de cinco zombies acabaron
con una multitud de más de ocho… fue increíblemente rápido, me causaron ganas
de aplaudirles a tamañas bestias, pero sería demasiado cruel. Pensé que todo
iba bien, hasta que un llanto me colapsó la paciencia.
Bajé del mueble con cautela para no
atraer la atención de las cosas que aún se movían y me encontré a mis espaldas
a la maldita niña que por desgracia seguía viva.
–
¡Mischa!
– aclamó esperanzada.
–
¿Por qué mierda
aún estás viva? – la repudié.
–
¿Qué…? – se asombró mientras
lloraba.
–
Quise hacer esto desde que
llegaste al maldito hotel… hubiera sido mejor si esas cosas te hubieran comido,
pero como no lo hicieron, tendré el placer de acabar contigo yo misma – sonreí.
–
¡No lo hagas! – gritó.
–
Claro que lo haré – reí
como una enferma.
Apunté limpiamente con mi arma al
centro de su cara, para destrozar su pequeña nariz con una gran bala, certera y
directa. Cayó ante mis ojos y me sentí mal por matar a la pequeña que veía como
una madre a mi hermana… pero al demonio,
solo estorbaba, no podría dejar que esas cosas me complicaran la vida.
“Nadie
es mejor que tú. Puedes acabar con quien sea que se atreva a retarte. Aprende a
hacer las cosas y no te arrepientas luego… no seas un marica.”
Eliminé a las bestias que habían
acabado con todo el grupo por nosotras y caminé hasta las escaleras que
llevaban al piso superior, caminé harta, tensa… como si me esperara algo peor
cuando llegara hasta donde el grupo.
Entré al cuarto y me miraron
esperando una respuesta. ¿A qué? Ni idea, pero no tenía ganas de darle
explicaciones a nadie.
–
¿Terminaron?
– preguntó Charlie.
–
Hace
mucho rato – miré el resto del cuarto – ¿Dónde está Nixie?
–
Pensé que estaba contigo –
Connor se puso de pie.
Y antes de que pudiera decir o
hacer cualquier cosa, tomé la escopeta que estaba sobre una de las cajas y salí
corriendo de allí, seguida por los tres chicos.
Comencé a gritar el nombre de mi
hermana, me ponía histérica cada vez que desaparecía, corrí hasta el sótano: nada. No estaba por ningún lado.
–
No me
digas que esas cosas se la comieron – gritó exaltado Murphy.
–
¡No digas
estupideces! – grité fuera de mis cabales.
–
¿Viste el
primer piso? – Charlie mantenía la calma.
–
Vamos allá…
Corrimos escaleras arriba una vez
más, revisé cada cuerpo. La oscuridad era muy densa desde que se me ocurrió
sellar la entrada, un olor a putrefacción y a sangre se esparcía a lo largo de
toda la planta.
Yo iba a la cabeza mientras era
seguida por Charlie y los hermanos MacManus se encargaban de revisar las
habitaciones que yo no.
Cada vez me desesperaba más, hasta
que dentro de la oscuridad divisé a una silueta arrodillada en el suelo, junto
al mueble en el que me había ocultado. Una alegría se depositó en mi pecho al
saber que era ella la que aún estaba viva. Me acerqué lentamente lista para
regañarla.
–
¿Por qué
me haces esto? – la regañé – Me has asustado – le grité.
No obtuve respuestas,
siquiera se dignó a mirarme. Aparecieron los tres hombres atrás de mí
tranquilos al verla allí bajo un manto oscuro. Pero no respondía… me acerqué
más a ella y ya sabía porque no hablaba. Entre sus brazos tenía a la niña que
me digné a matar…
–
Nixie…
–
Ella no
estaba infectada…
–
Puedo
explicarlo…
–
¿Cómo? –
me miró con ira, como hacía mucho tiempo no lo hacía.
–
Ella
intentó atacarme – mentí – Solo disparé sin saber quien era…
–
¿Ah si? –
me miró irónica, se puso de pie al dejar la niña un poco más allá – ¿Por eso el
tiro era tan certero? ¡Es cierto! – aplaudió – Eres una asesina profesional,
nunca fallas un tiro – encogió sus ojos.
–
Nixie, en verdad puedo…
–
¡No
tienes para que mentirme! – gritó
Sus ojos me recordaron al
maldito de mi padre, tan enojado… tan vengativo. No me podía imaginar en cómo
se estaba sintiendo ella en este momento. Pero su odio hacía mí nunca había
sido tan grande como ahora, me hizo sentir culpable de algo que me gustó hacer…
–
Lo siento…
– dije como consuelo.
–
¡¡¡Era una niña Mischa!!! – gritó con los ojos lagrimosos.
Los hermanos MacManus
tarde se dieron cuenta del cadáver de la niña, Connor caminó hasta ella y la
observó como se debía, con lástima. Me miró a mí con cierto recelo, Murphy se
mantuvo a mis espaldas al igual que Charlie.
Por primera vez después de
tanto tiempo me sentía abatida, como en un coliseo romano, como esperando que
la multitud pidiera mi cabeza rodando por el suelo.
–
Vete a la
mierda, has lo que quieras – dijo sin más y caminó a la salida.
–
¿A dónde
vas? – insistí.
–
¡¿Acaso te importa?! – gritó enojada.
Se giró y siguió su camino
mientras que Connor la acompañó en silencio. Me dejaron allí con la boca
semiabierta y con ganas de que la tierra me tragara. Nunca me gustó que mi
hermana se enojara conmigo, menos de esta forma… ¿En verdad había actuado tan
mal? Por favor… ¡Les quité una carga! No podían ser tan desagradecidos.
Los tres que aún estábamos
adentro, caminamos hasta la salida para seguir a ambos que se marcharon en
silencio, me sentía la peor persona en ese momento.
Pero me sentí peor aún
cuando vi a los dos marcharse en la motocicleta de mi hermana. Connor conducía
mientras ella se aferraba a su cintura como un koala, un nudo en mi garganta
apareció cuando ambos desaparecieron en el horizonte de la calle que llevaba
hacia algún lugar…
–
Dime que
esto no es cierto – no podía creer lo que veía.
–
Si, se
fue otra vez – dijo Murphy neutro.
Me sentí vacía otra vez.
La promesa que le hice a mamá se ponía en juego una vez más, no puedo creer que
soy tan mala hermana como para que Nixie escape cada vez que pasa algo… no hay
conversaciones, no hay tratos… nada, solo toma su puta motocicleta y decide
irse quien sabe a donde.
–
Veamos
las señales de radio para ver si podemos encontrar algún refugio – susurró
Charlie como consuelo.
–
¿Vale la
pena ahora? – aún no creía que ella se había ido.
–
Mírale el
lado positivo… al menos no se fue sola – dijo Murphy dándose cuenta que fue
estúpido lo que dijo.
–
¡Eso
significa que hay más probabilidades de que no vuelva! – mis ojos querían
explotar.
La sonrisa de Murphy
desapareció rápidamente, sus hombros firmes cayeron como si la postura no fuera
la adecuada.
Charlie entró al edificio
y volvió con un montón de artefactos y los llevó hasta la camioneta, no
entendía muy bien lo que quería hacer, pero lo seguí. Murphy no se despegó de
mí en ningún momento, ambos nos sentíamos solos sin nuestros hermanos… era una
sensación extraña.
–
Si
conectamos las antenas a la radio del auto… podremos crear una frecuencia –
sonrió Charlie.
–
Eso suena
interesante… – sonreí sin ganas.
–
Vamos
Mischa, así podremos encontrarla y a Connor también – miró a Murphy.
Asentimos ambos, parecía
una buena idea aunque la noche ya estaba por llegar y no teníamos fuego ni
nada. Hacía mucho frío y el invierno estaba cerca, si no encontrábamos refugio
alguno… acabaríamos siendo hombres de nieve.
Volvimos adentro con unas
raciones de comida que traíamos en los autos, también unas cobijas que los
idiotas del grupo que trajo mi hermana habían cargado a su equipaje, así
podríamos pasar una buena noche. Cada vez éramos menos y eso no me gustaba.
Quería deshacerme de la gente, pero no de Connor ni mucho menos de mi hermana.
Apoyé mi espalda contra la
pared blindada y cerré los ojos para poder contener la rabia que sentía conmigo
misma. Murphy apareció junto a mí y se acurrucó a mi lado, lo miré extraño pero
no de mala manera, no podía pelear con nadie más por hoy. Ya había tenido
suficiente.
–
Tengo
frío – susurró apoyando su cabeza en mi hombro.
–
¿Me ves
cara de calefactor? – reí.
–
El calor
humano es lo mejor – sonrió.
–
Claro,
como digas – me arrimé más cerca de él.
Charlie ya se había
dormido, permanecía frente a nosotros babeando su propia cara, con un rifle
junto a sus piernas porsiacaso. Miré el cuarto en el que estábamos… no podía
creer que habíamos llegado tan lejos para nada. Probaríamos otra vez la radio
por la mañana, buscaríamos otro lugar y más que nada me interesaba saber a
donde mierda había ido mi maldita hermana.
“Desligarse es
más difícil que echar raíces. Dejar ir duele más que un saludo de alguien a
quien tanto querías conocer. No hagas sufrir… si no quieres que te hagan sufrir
a ti.”