viernes, 3 de junio de 2011

Capitulo 1.

OH NO, CHARLIE...
Narra: Mischa Bauer.

El frío de la noche, su cansada respiración reposada en mi empinado hombro, sus gemidos mantenían esta emoción casi desbordando mis sentido; su inútil intento de zafarse me hacían reír y recordar la primera vez que había echo esto.

            – Terminarás agotado, no huirás por mucho que lo intentes – reí.

Lo tiré como un saco de patatas al rincón de la lúgubre habitación, sus ojos hinchados de tanto llorar suplicando piedad me acordaban el porqué me gusta hacerlo.

            – Mira ahora... ¿quién es la gallina? – me incliné frente a él.

Su boca sellada con cinta adhesiva dejaba escapar esos sollozos que deleitan mis oídos, cerré los ojos y arqueé mis dedos en mi oreja.

            – Vamos, dilo más alto... no puedo oírte – reí.

Me paré frente a él para verlo acabado, sus manos y pies atados como un verdadero animal, verlo retorcerse de dolor al presionar sus heridas con un cigarrillo encendido me liberaban de estrés, mis tacones hacían el “Tok-tok”, ruido típico de la bota contra el suelo frío y húmedo. El silencio absoluto del lugar hacían de este el lugar perfecto; tomé la una silla que allí había y me senté para observarlo atentamente, mirar por quizás la última vez al exnovio de mi hermana.

            – Que bien te ves así ¿sabes? – sonreí.

Mi celular sonó dándome la señal, ya era media noche, me levanté e hice que el sujeto me mirara hacía arriba, y con mi pistola favorita: la Beretta, le disparé en el centro de su frente dándole un último adiós, la sangre escurrió por entre sus ojos y nariz hasta llegar al suelo, dando por cumplida mi misión. Guardé el arma cuando caminaba por entre los altos cultivos de aquella granja, llegué hasta mi camioneta y volví a casa, encendí el radio: John Lennon sonaba, mientras bajé a un supermercado para comprar unas cervezas, las pagué y volví al auto.
 En unos remotos minutos arribé en aquella vieja casa en dónde ahora estábamos alojando, nunca sé si tendremos que largarnos de aquí, por si nos descubren por algún error que podamos cometer para perjudicar nuestro trabajo. Saqué las pesadas llaves y giré la cerradura para abrir la puerta, aún Nixie no llegaba... la casa estaba sola y el ambiente era terroríficamente tranquilo.

            – No hay nadie en casa... – murmuré.

Lancé las cervezas sobre la mesa junto con las llaves, sentí el motor de la motocicleta de mi hermana afuera y me quedé parada apoyada en la mesa mirando la puerta, esta se abrió y aprecié su figura vestida con ropas ensangrentadas.

            – ¿Pero qué te pasó? – me extrañé.
            – Motosierra... odio decapitar con esas cosas, prefiero las hachas – sonrió.
            – Primitiva – reí dándole una cerveza.
            – Espera, voy a cambiarme la ropa – me la devolvió.
            – Apresúrate – asentí.

Dejó su casco en el sofá y partió a su cuarto, bebí una cerveza mientras fumaba, la chica no tardó tanto y se sentó junto a mí en esa cuadrada y no tan grande mesa en la cocina, bebió de su cerveza arreglando su sweater.

            – ¿Cómo te fue? – pregunté mirando un rasguño en su pecho.
            – Bien, ya sabes como es esto – rió.
            – ¿Te caíste de la motocicleta?
            – Una sola vez – miró a otro lugar.
– Debes tener cuidado, no quiero que te vuelva a pasar lo mismo– usé un tono superior.
            – Lo sé Mischa, ¿cómo te fue a ti? – bebió su cerveza.
            – Bien, como siempre – la miré enojada.
            – No me mires así, sabes que soy invencible – rió.
– No, no lo eres... cuando mamá murió prometí cuidarte bajo cualquier circunstancia y que te caigas de esa motocicleta pone en juego mi palabra – fruncí el seño.
            – Ya te dije que lo sentía – susurró.
            – No vale con que lo sientas Nixie, está en juego tu vida – volví a beber.
– ¡Deja de tratarme como una niña! Tú no te has dado cuenta de que ya crecí y puedo cuidarme sola – se levantó.
            – Inmadura... – susurré mientras se fue a dormir.

Acabé mi tercera cerveza y caminé a mi cuarto, tomé aquel libro y me recosté a leerlo un poco:
“Recuerda que la felicidad lleva a la paz, que la paz lleva a la libertad y ésta te lleva al pleno silencio, en dónde tu alma disfruta de lo prohibido para otros...”
Bellas frases de mi difunta madre, una escritora poco respetada por aquellos idiotas que se hacen llamar críticos. Apagué la lámpara después de guardar el pequeño libro para irme a dormir de una maldita vez.

            “No hay lugar para esconderse, detenerse es ilegal... Oh no, tienes otro punto en contra.”

Amaneció en New York con el sol pleno de verano, una música escandalosa hizo activar mi organismo, AC/DC en la cocina hizo retumbar mis oídos, intenté seguir durmiendo silenciando el ruido con una almohada en mi cabeza pero fue en vano; me levanté y enfurecida caminé a la cocina para apagar la molesta melodía que tanto hacía cantar a mi hermana.

            – ¡Pero qué te pasa! – gritó disgustada.
– Escucha música a un nivel moderado ¿por qué eres tan excesiva en todo? – la miré enojada.
            – Pues ya es hora de que te levantes, Frederick te ha estado llamando
            – ¿Cuándo? – me asombré.
            – Hace unos minutos, volverá a llamar... supongo – bufó.
            – ¿Por qué no me despertaste? – grité.
            – ¿Y qué acabo de hacer? – rió.
            – Dios Nixie, ¡Puede ser importante! – la regañé.
            – ¿Y qué sabía yo? Lo habría dicho
            – Él nunca dice nada... – caminé al baño.
            – Antipática... – susurró.
            – Te oí enana – reí entrando al baño.

Cerré la puerta y encendió la radio otra vez mientras yo tomaba un baño con el celular en el oído esperando que el inepto se dignara a contestar.

            Habla Frederick – dijo.
            – Hola – sonreí.
            – ¿Mischa?
            – La misma – sonreí otra vez.
            Ya salió en las noticias la muerte de Jason, bien hecho – me felicitó.
            – Oh pues de nada jefe – reí.
            – Y felicita a tu hermana por lo de Jessica, creyeron que fueron unos sicópatas – rió.
            – ¿Acaso ella no lo es?
            – Claro – rió otra vez.
            – ¿Cuándo tendremos la paga? – sonreí.
            – Hoy, hay una pizzería a dos cuadras del Hotel Brown, una mesera tiene los billetes...
            – OK
            – Suerte – cortó.

Lancé el celular sobre la ropa y acabe de bañarme, el silencio se hacía presente una vez más y eso entró a preocuparme, porque mi hermana no apaga la música sin que haya pasado algo...

            – ¿Nixie...? – grité.

No había respuestas y me vestí rápido para salir a ver lo que sucedía, salí del baño y encontré a Charlie en la sala junto a mi hermana viendo unas fotografías.

            – ¿Y tú que haces aquí? – sonreí.
            – Encontré unas cosas que creo les gustará ver – sonrió.
            – ¡Fotos de mamá! – sonrió emocionada Nixie.

Me senté junto a ellos a mirar aquellas antiguas fotografías de nuestra madre, aquella sonrisa que heredó Nixie, esa mujer que dio todo por nosotras incluso su propia vida...

            ¿De dónde las sacaste? – apoyé mi cabeza en su hombro.
            – De unos archivos que tenía guardados...
            – ¿Archivos? – me asombré.
            – Frederick nos hace investigar todo – sonrió mirándome atento.

Me cohibí, él era algo así como mi mejor amigo... el cual me gustaba hace mucho tiempo pero nunca se lo he dicho, él trabajó con nuestro padre... con el canalla de nuestro padre. Para Nixie Charlie era como un hermano mayor, para mí... algo más que eso, es mayor que yo por cinco años.

            – Les traje otro trabajo – sonrió.
            – ¿Para cuando? – pregunté.
            – Para este mes, son tres sujetos... – nos miró serio.
            – Uh, eso me gusta – rió Nixie aún viendo las fotos.
– Deben trabajar juntas, deben ganarse la confianza de ellos y luego eliminarlos, para que no sospechen de ustedes ¿OK?
            – Claro, será fácil – sonrió mi hermana.
            – Espero que no sean impulsivas esta vez – rió.
            – Tú sabes quien es la impulsiva aquí – miré a la chica.

Los dos reímos mientras ella aún se deleitaba con aquellas antiguas memorias de la mujer, Charlie nos dio las carpetas y se marchó luego de un rato de charla agradable.

            – Vaya, mira a este John Rousseau... que guapo – bromeó Nixie.
            – Deja de decir estupideces – reí.
            – ¿Frederick te dijo algo del dinero?
            – Sí, vamos a buscarlo – sonreí.

Asintió y salimos de la casa con nuestras armas bajo los cinturones, llegamos a dicha pizzería; nos sentamos en una de las mesas y la mesera nos dio un sobre con dos grandes montones de billetes dentro de un cartucho de papel.

            – Esto significa victoria pura – rió oliendo el dinero.

Reí y nos fuimos de allí, caminamos un buen rato para distraernos de todo, volvimos a casa y Derek nos esperaba afuera con sus anteojos oscuros.

            – Hola – sonreí.
            – Hola – dijo tímida Nixie.
            – Vamos adentro rápido – dijo empujándonos para entrar.

Ingresamos a casa presionadas por el agente, nos sentamos en el sofá y éste frente a nosotras con las manos en los bolsillos de su pantalón.

            – Deben irse del país... – dijo sereno.
            – ¿Qué... por qué? – gritó Nixie.
            – ¿Qué? – me extrañé.
            – La agencia está planeando una emboscada contra ustedes – susurró.

No tenía sentido lo que el chico nos estaba diciendo.

            – Hoy mismo no dieron otro trabajo... ¿Por qué nos querrían fuera? – pregunté.
– Es una trampa, a los tres que deben matar en un mes... Frederick les pagó por matarlas antes de que cumplan su objetivo. Cree que sirven para otra agencia – se quitó los anteojos y se inclinó para mirarnos de frente.
            – ¿Por qué Charlie nos engañaría? – me alteré.
            – Quizá porque no lo sabe, o ahora está en contra de ustedes... – me miró serio.

Sacó unos papeles de su bolsillo y nos los mostró.

            – Estos son pasajes para Londres... se van mañana

Nixie se puso de pie con el seño fruncido.

            – Yo no pienso irme a ningún lado – dijo seria.
            – Somos las mejores, veremos si pueden con nosotras – reí.
            – No sean testarudas... es mejor que se vayan – insistió.
            – No quiero irme, no quiero dejarte... – dijo en un susurró la pequeña.

Ellos eran algo así como novios, pero para variar la única que lo sabía era yo; una situación complicada y difícil de afrontar, pero no nos íbamos a ir sin antes demostrar todo lo que teníamos para dar.

            – Nos quedamos Derek, el viejo no sabe con quién se mete... – dije enojada.

Tiró los pasajes sobre la mesa, se colocó sus anteojos y se despidió de cada una.

            – Cuídense mucho... – dijo antes de irse.
            – Te llamo mañana – dijo mi hermana.

El tipo asintió y desapareció en su BMW; en casa nos quedamos pensando en el asunto, no tenía sentido alguno, no comprendo porque pasan muchas cosas... y esto era uno de esos momentos en que las ideas abstractas atacan mi subconsciente con aterradores temores de los que ni siquiera estoy segura que me pertenecen; me puse a cocinar el almuerzo mientras mi hermana ordenaba los cuartos. 
Arroz con pollo era el menú para hoy, no había mayor creatividad ni mucho menos originalidad, algo raro estaba pasando y eso perturbaba mi mente de una manera atroz.

            – Ahora con mayor razón quiero matarlos... – dijo sentada en la mesa.

Me asusté al oír su voz, pensé que estaba sola en la cocina... su manera sigilosa de moverse a veces me daba miedo y eso... que soy su hermana.

            – Debes controlar tu sed de sangre... – susurré mientras servía la comida.
            – ¡No puedo entender que se cree ese anciano! – gritó con el pollo en su boca.
            – Pues es nuestro jefe... – reí.
            – Desde hoy no tengo jefe... y tú tampoco – me apuntó con el pollo en la mano.
            – Serena morena, come y luego discutimos ¿te parece? – reí.
            – No me digas morena – rió.

Pasó la tarde con un momentáneo aburrimiento en casa, Nixie con su Guitar Hero y yo con los libros de mamá; todos decían que mi hermana tiene el intelecto de dos grandes genios que eran nuestros padres... pero a veces no lo demuestra, sus actitud tan infantiles me hacen dudar de que sea mi hermana...
Acabé de leer y partí al garaje para limpiar las armas que había usado recientemente; gran cantidad de artillería, asombroso... y no sólo mías, sino que también de Nixie. No puedo creer aún que matar gente sea tan bueno: Dinero, poder, respeto y satisfacción, si eso no es vida... pues entonces no sé a lo que el mundo se refiere
.
            – Limpia bien esa katana – rió parada en la puerta que lleva a la casa.
            – ¿Por qué no lo haces tú? – la miré.
            – Porque tú lo estás haciendo, no quiero llevarme todo el crédito...
            – Eres una completa vaga – reí.
            – Tu me acostumbraste a esto hermanita – miraba lo que hacía.
            – ¿Ponemos el plan en marcha entonces?
– Por supuesto, tengo tantas ganas de destruir a ese maldito viejo... desde hace mucho tiempo – dijo con la mirada fija.
            – ¿Tantos años? – me extrañé.
– Desde que mandó a matar a nuestra madre por nosotras... viejo idiota, es un completo marica – dijo con ira.

La comprendí, hablaba con justa razón y yo la apoyé en esta decisión... es nuestro orgullo familiar lo que se pone en juego. Me abrazó como mi pequeña hermana y respiró profundo en mi oído.

            – Te amo hermana... – susurró.
            – Y yo a ti pequeña – respondí.
            – Eres lo único que tengo, y agradezco que seas tú y no otra... – sonrió.
            – ¿En serio? – reí.
            – A veces tengo ganas de golpearte, pero solo a veces – dijo en un tono tierno.
            – Vaya... yo igual agradezco tenerte pequeña ameba – sonreí.
            – ¿Cómo que ameba? – rió a carcajadas.
            – Pues eres una ameba, pero mía – besé su cabeza.

“Un día acaba cuando todos duermen y el alma al fin descansa, vamos amigo, no dejes ir el sol tras esa montaña, persíguelo hasta que ya no puedas seguir porque tus energías has agotado... eso quiere decir que al menos lo has intentado (...)” Frases sabias de Monick de Bauer, nuestra madre, una sabía que nos enseñó a permanecer juntas frente a cualquier cosa que nos pudiese ocurrir, porque en realidad nada más importa.