sábado, 22 de octubre de 2011

Capitulo 7.

NO TIENES LA MENOR IDEA…
Narra: Mischa Bauer.

“El deseo de tenerte siempre conmigo se desvanece cada vez más mientras tú no te das cuenta de ello y sigues alejándote todos los días… un poco más.”

Verla irse quizá fue lo más doloroso de toda la situación. Llegó la noche y permanecimos los tres medios choqueados por todo, nos metimos como pudimos al hotel en donde con Nixie habíamos decidido alojar, pero esta vez subimos con Derek y Murphy al piso más alto; desde la terraza podíamos ver como esos cuerpos sin vida atacar todo lo que se movía, más aún nos aterramos al ver como devoraban a las personas que aún permanecían con vida…

         No puedo creer que todo esto esté pasando – susurró Charlie con la mirada ida.
         Pues créelo niño bonito, esto no es nada comparado con lo que veremos en otros lugares – dijo Murphy muy serio.
         ¿En otros lugares? ¿A que te refieres? – fruncí el seño.
         No piensan quedarse aquí por siempre… ¿o sí? – rió.
         Debo buscar a mi hermana, no puedo irme a ningún lado sin saber que ella esté bien – lo miré enojada.
         Tranquila niña, yo también debo buscar a mi hermano, así que ni se te ocurra pensar que nos quedaremos esta noche aquí, será mejor que tomemos cosas que nos sirvan de este hotel, porque partiremos en unos minutos – levantó sus cejas imponente.

Miré a Charlie que giró para observarme sabiendo en lo que pensaba; en este momento no sabía que decisiones debía tomar, estaba en riesgo la vida de mi hermana al mismo tiempo que yo debía sobrevivir, el temor hacía dudar de mis ideas y no estaba segura de lo que quería hacer… así que me dejé llevar por las decisiones que Murphy decía tomar.

         ¿Crees que necesitaremos este jabón? – reí.
         No, hay de esas cosas en todos los lugares, toma mejor el hacha de emergencia – me la lanzó.
         Ten cuidado, es una chica – dijo Charlie molesto.
         Tranquilo Charlie, no pasa nada – sonreí por su preocupación.

Murphy me observó extraño, encogiendo sus ojos y apretando sus labios ¿Qué estaba pensando? Pues en verdad no lo sé, pero me puso un poco nerviosa. Pasamos unos quince minutos arreglando lo necesario para poder permanecer vivos entre tanto zombie; bajamos por las escaleras con precaución, miramos por las barandas hacia abajo: nada. Eso nos mantuvo tranquilos al menos hasta que llegamos al primer piso, al hall en donde nos encontramos con unos cuantos de ellos, quienes no se percataron de nuestra presencia hasta que por casualidad derribé un jarrón.

         Maldita sea – susurré cerrando mis ojos y alistando mí arma.
         ¡Corran a la puerta! – gritó McManus.
         Aquí vamos…

Respiré profundo como nunca antes, la adrenalina subió a mi cabeza con una velocidad asombrosa, disparar… golpear con todas mis fuerzas me hizo sentir poderosa, ver volar sangre ante mis ojos hacía despertar ese instinto asesino que llevo por herencia de mi padre. Salimos del hotel provocando mucho ruido, haciendo así que muchos de los zombis que rondaban por las cercanías aparecieran frente a nosotros; con Charlie y Murphy chocamos nuestras espaldas y comenzamos a disparar sin discreción, los cuerpos comenzamos a caer uno a uno a gran velocidad, despejándonos el camino… por el cual comenzamos a correr.

         Por aquí – gritó Murphy delante de mí.
         ¡Ya entendí, no es necesario que me grites! – dije alterada.

Rió mientras nos guiaba por unas calles que jamás había visitado en toda mi vida, nos detuvimos en un callejón para descansar, hubo paz un instante hasta que un celular o un radio, o lo que sea comenzó a sonar.

         ¿Aún sirven esas cosas? – me asombré.
         Es un radio nena, no son esas porquerías de celulares que dejan de funcionar al segundo de que una catástrofe ocurre – me miró.
         Como sea, ¿Quién es ese que habla? – lo miré extrañada.
         Déjame hablarle, es mi hermano…

Se fue hacía un lugar lejano, alejándose un poco de nosotros dos para quizá tener un poco más de privacidad; Charlie me abrazó en un dulce silencio, provocando en mí una sensación de paz… quizá necesitaba un momento de caridad a solas con él.

         Encontraremos a la pequeña Nixie – acarició mis cabellos.
         Lo sé, el problema… ¿Cuándo? – susurré cerrando mis ojos.
         Pronto Mischa, este tipo parece saber lo que hace, posiblemente logremos encontrarla antes de lo esperado…
         Eso espero Charlie… de verdad es lo único que quiero ahora, que ella regrese...
         Insisto con la idea de Derek, lo mejor sería volar a Europa, es el lugar más seguro – me miró a los ojos.
         ¿Cómo lo haremos? Los aviones no sirven… la única opción es ir al puerto de New York para conseguir un barco… y esos son miles de kilómetros a pie – levanté mis cejas.
         Eso lo haremos después, hay prioridades, y debemos encontrar un buen vehículo que nos transporte hasta allá – dijo Murphy entrometiéndose.
         ¿Aún funcionan los vehículos? – me asombré.
         Claro, los que sirven a petróleo, hay uno en Chernobil… a unos kilómetros de aquí y donde está mi hermano – sonrió.
         ¡¿Qué?! – gritamos ambos.
         Así que será mejor conseguir un vehículo y partir ahora mismo…
         El auto de Derek es a petróleo, creo que eso nos serviría – dijo Charlie soltándome, nervioso.
         Vamos a por él entonces – rió McManus.

Caminaron adelante ambos, como líderes, yo atrás resignada a no ser escuchada, en este preciso momento me hubiera gustado patearles el culo a ambos por ser tan decididos, tan sabios en una ocasión en que yo no servía para nada. Estaba cansada, necesitaba dormir… y lo hice cuando Murphy condujo hasta dicha ciudad con Charlie como copiloto; en el asiento trasero me di la preciada gana de dormir durante todo el camino.
Avanzaron las horas, tan rápido que a eso de las 8 de la mañana o eso creo, llegamos a un lugar, bueno, habíamos llegado quizá a que hora, pero al menos yo desperté como a esas horas; me encontré en el auto absolutamente sola, sin armas ni nada, solo con una 9 mm. La que tomé antes de bajar del auto; miré a mis alrededores, abrí bien los ojos ya que el brillo del sol me enceguecía; caminé a un granero alejado… de donde provenían unas risas que supuse eran de los chicos.

         ¿Chicos? – susurré al entrar allí.

Me encontré con Charlie, Murphy y otro sujeto, que compartían unas carcajadas envidiables para la ocasión, me extrañé muchísimo cuando me quedaron mirando extraño, todos. Me cohibí, jamás me había pasado, quizá con todo lo que estaba pasando se estaban desarrollando facetas que jamás me dediqué a cultivar, y ser tímida… era una de ellas.

         Esta es la chica de la que te hablé Connor – rió Murphy bebiéndose una cerveza.
         ¿La hermana de la chica sensual? – rió éste.
         ¡Shhh! Era un secreto imbécil – lo golpeó en el brazo.
         ¿Qué sucede aquí? – pregunté con miedo.
         Hola, soy Connor McManus, lamento la grosería de no saludarte Mischa – sonrió él, acercándose.
         ¿Cómo sabes mi nombre? – levanté las cejas.
         Pues mi hermano me ha contado todo, por lo que tuvieron que pasar para venir hasta aquí y lo de tu hermana… por cierto ahora saldremos hasta Boston para ver si la encontramos – sonrió.
         ¿De verdad haremos eso? – miré a Charlie sonriendo.
         Claro, se lo de los hermanos y esas cosas, yo tampoco puedo vivir sin este idiota – miró a Murphy.
         ¿De verdad son hermanos? Son tan diferentes… él si es un idiota – sonreí de media luna.
         Sí, lo sé, bueno… prepárate, si quieres date una ducha mientras cargamos la camioneta con las armas y la comida – rascó la punta de su nariz.
         Está bien, gracias – sonreí cohibida.
         Bien chicos, vamos – caminó hasta atrás del granero en donde estábamos.

Me quedé parada allí mirando como los tres chicos se iban, reaccioné como una idiota y solo después me había dado cuenta de ello; partí adentro de la casa, llegué al baño que me costó encontrar… ¡era una porquería! Pero bueno, me di un baño como pude… con un poco de asco al ver todo con polvo y esas cosas terribles, se notaba que era una casa de chicos.

         Dios santo…

Tomé el celular y marqué el número de Nixie, para ver si podía contactarme con ella de alguna forma… y me asombré cuando empezó a sonar el tono de llamado, me volví loca cuando ésta contestó.

         ¡¿Nixie?!
         Si… ¿Do…tan?
         ¿Qué? No te entiendo… ¡Estamos en Chernobil! ¿Dónde estás tú? – grité histérica.
         Man…hattan… Cerca… planta nuclear… voy… Boston
         ¿Vas a Boston? ¿A que lugar? – dije desesperada.
         Hotel… do… estábamos. Encontre… allí ¿bien?
         Si, le digo a los chicos que vamos para allá
         Encontré… te… ¡sobrevivientes!
         Pues llévalos, mientras más seamos, mejor – sonreí.
         No… vemos… amo hermana… – se cortó la comunicación.
         Adiós… – sonreí al lanzar el teléfono sobre mi ropa.

Salí de la tina, me sequé rápido y me vestí con la misma ropa que traía, no había más… Corrí al granero en donde estábamos, no encontré a los chicos y los busqué desesperada, caminé atrás a donde se habían ido cuando yo me fui y los encontré arreglando un jeep imponente, grande, como esos autos lujosos de California, era una 4x4 hermosa, que yo creo nos tendrá asegurados contra los golpes de los cuerpos inertes.

         Eh hablado con Nixie – dije como una idiota riendo.
         ¿Pudiste comunicarte con ella? – sonrió Murphy.
         Va a Boston, al hotel en donde mismo nos abandonó… creo que sería bueno ir allá y esperar a que aparezca, trae sobrevivientes…
         ¿Sobrevivientes? Eso suena bien – sonrió muy sexy Connor.
         Sí, suena muy bien… - sonreí como una idiota, otra vez.
         Entonces súbete a la camioneta, nos vamos ahora… – gritó animoso Murphy.

Asentí y subí atrás, Charlie subió conmigo, el copiloto fue Murphy y el conductor por obviedad era Connor, yo me senté atrás de él. Encendió el motor y partimos a Boston otra vez, para esta vez reunirnos con mi hermana… y aliviarme de esta preocupación aterradora.

“Como un viejo camino, necesitamos repararnos gracias a la ayuda de los otros, pero eso no quiere decir que olvidaremos por todo lo que hemos pasado… esto es solo una experiencia para seguir expandiéndonos… para seguir adelante.”

domingo, 16 de octubre de 2011

Capitulo 6.

Narra: Nixie Bauer.

Ahora siento hacia mis semejantes un odio sereno, o una piedad tan inactiva que es lo mismo.

Conducía por aquella desierta autopista de Estados Unidos, alejándome de la ciudad de Boston, de esas horribles criaturas, de Charlie y de Mischa…  ¿Qué demonios me había sucedido allí atrás? Francamente no lo sabía. Consideré volver pero para cuando deje de llorar, ellos ya debían de estar escondidos en quien sabe dónde, por lo que decidí continuar mi camino hasta donde me llevara. Conduje durante horas, sin saber a donde me estaba dirigiendo. Para cuando me detuve la noche ya había caído sobre mí, dejando todo a mi alrededor en penumbras a excepción por la luz de los faroles de mi motocicleta. Aparqué en la puerta de lo que parecía un shopping, caminé a la entrada principal pero estaba trabada. No era extraño en esta situación… de seguro había gente adentro, así que bordeé el perímetro hasta que encontré un hueco en una ventana por donde entré. Todo el interior se encontraba aún más oscuro que afuera; se oían voces a la distancia, encima de donde estaba. Siguiendo el murmullo, encontré el hall principal del shopping, donde habían improvisado una fogata para mantener el calor y alumbrar el lugar. De pronto sentí que algo caía detrás de mí, me giré rápidamente lista para disparar pero me detuve en seco.

        Por favor, no me lastimes – dijo con lágrimas en los ojos.

Era tan sólo un niño pequeño, de no más de 8 años.

        No voy a hacerlo. ¿Cómo te llamas? – dije bajando mi arma para no asustarlo.
        Matt… 
        Bueno Matt, yo soy Nixie – dije sonriéndole – ¿Estás aquí solo? –
        ¿Matt? ¿Con quién hablas? – preguntó otra voz, de un hombre.

Levanté mi arma nuevamente, no era como si fuera a usarla pero ser precavida nunca ha estado de más.

        ¿Quién eres tú y cómo es que entraste? – preguntó.
        Me llamo Nixie – dije molesta por tener que repetir mi nombre – Entré por un hueco en una ventana –
        ¿Qué es lo que quieres? – preguntó bruscamente.
        Woah, no necesitas hablarme así. Sólo busco un lugar donde refugiarme y conseguir provisiones –

El tipo me miró durante un bueno rato, buscando algo que supusiera un peligro para ellos, hasta que relajó sus músculos lentamente.

        Bien, puedes quedarte –
        Gracias –
        Por cierto, soy John – dijo, extendiendo su brazo.
        Un placer – respondí, estrechando su mano.

Caminamos por un largo pasillo hasta la parte trasera del edificio; allí había varias carpas armadas y gente a su alrededor realizando actividades “comunes”, si es que afilar machetes o vigilar el perímetro podían considerarse normales. Nos sentamos en unos bancos y comenzó el interrogatorio…

        ¿De dónde eres? – preguntó John.
         New York… ¿ustedes? –
        Dakota del Norte – respondió - ¿Qué haces tan lejos de casa? –
        En realidad, estaba en Boston por trabajo – dije.
        Ya veo… ¿estabas sola? –
        No – respondí.

El constante interrogatorio comenzaba a molestarme, ¿quién se creía este tipo como para estar cuestionando que hacía allí? Estaba con ellos y punto. De pronto, recordé una pregunta que había estado rondado en mi cabeza hacía unas cuantas horas.

        Dime, John… ¿por casualidad sabes que es lo que sucedió? – pregunté, dubitativa.
        ¿A qué te refieres? –
        A los zombis, ¿a qué más podría referirme? – contesté sarcásticamente.
        La verdad es que no estoy seguro… –
        ¿Cómo que no estás seguro? ¡¿Cómo puedes no saber?! –
        ¿Cómo no puedes saber? –
        … touché –
        Es más complicado de lo que piensas… Verás, hace unos meses instalaron una nueva planta de energía nuclear en las afueras de Manhattan, “Fort Calhoun”. Seguro oíste hablar de ella –
        No realmente –
        Dios, ¿en dónde vives? – rió – En fin, todo marchaba bien hasta que por un desperfecto de los reactores comenzó a generar más energía de la necesaria; esto no suponía ningún problema con la gran cantidad de ingenieros encargados de la reparación –
        ¿Pero…? –
        No llegaron a tiempo, la energía había destruido la planta completa y, por alguna extraña razón, se expandió hacia las demás centrales ubicadas en todo el país. Llegó un punto en que los reactores no dieron abasto y se produjo una explosión –
        ¿Cómo es que no escuchamos nada? –
        Las explosiones de energía nuclear son silenciosas pero letales… los químicos utilizados se esparcieron por todas los estados, infectando a la gente. Al principio sólo sufrían los efectos conocidos por la radiación, sin embargo, los científicos descubrieron que estos químicos se habían fusionado con la virus de la gripe, haciendo que mutara a algo espantoso… si este nuevo virus ingresaba al organismo de un ser vivo, al cabo de unas horas, dicho ser comenzaba con los síntomas –
        ¿Qué tipo de síntomas? –
        Fiebre, alucinaciones, dolor corporal, fragilidad ósea y finalmente, la muerte –
        Pero los síntomas no terminan ahí, ¿cierto? – pregunté con un deje de temor en mi voz.
        No… este virus desarrollo la extraña capacidad que le permite reanimar sólo la parte del cerebro que controla nuestros movimientos. En otras palabras, crea personas que se mueven solo por el deseo de alimentarse pero que son incapaces de reconocerse a sí mismos o a lo que los rodea –
        Es horrible… ¿El gobierno no hace nada? –
        Intentaron detener la enfermedad, pero fue inútil… se expandió sin piedad, matando gente y destruyendo familias. Al cabo de un tiempo desistieron y decidieron colocar a la armada en las ciudades con una ubicación estratégica –
        ¿Qué ciudades son esas? –
        New York y Atlanta. Son las únicas que sé. Y la peor parte de todo es que los políticos huyeron de aquí, viajaron todos a Europa; los militares resguardan a los últimos científicos vivos capaces de encontrar la cura para esto –
        ¡Son unos malditos hijos de puta! ¡Prefieren dejarnos morir con tal de sobrevivir! –
        Es la ley del más apto… pero con suerte el virus llegará a allá también –

De toda la familia humana algunos miembros debían sobrevivir, y su supervivencia iba convertirse en su misión; cumplirla a costa de su vida era apenas un pequeño sacrificio (…) En la lucha por la supervivencia, el más fuerte gana a expensas de sus rivales debido a que logra adaptarse mejor a su entorno.