CRÉEME, DE VERDAD QUIERO.
Narra: Mischa Bauer.
“Puede que mañana sea el día perfecto
para soñar despierto, pero ten en cuenta que para que sea mañana abunda el
tiempo, las razones y el porqué. No querrás quedarte parado mirando el cielo,
viendo como los demás eligen una estrella ¿o sí...? Dime, ¿Qué estás
esperando?”
Con Murphy habíamos llegado quizá
dos horas antes que Connor y Nixie, lo cuál nos sorprendió bastante. Al llegar
los sobrevivientes estaban inquietos y muy alertas, lo que nos provocó un poco
de desconfianza… Es decir, ellos podrían
haber estado dormidos, más que mal era de noche y nosotros nos
encargaríamos de los muertos vivientes… ¿Por
qué esperarnos despiertos?
–
¿Cómo les
fue? – dijo Charlie nervioso.
–
Bien,
hemos conseguidos armas… y los chicos fueron por alimento – dijo Murphy
rascando su nuca.
–
¿A dónde fueron?
–
No lo sé, supongo que a un
supermercado o un centro comercial… que mierda voy a saber yo – bufó McManus.
–
Espero que no les haya
pasado nada – dijo preocupado.
–
Tranquilo, conoces a Nixie
– sonreí de costado.
–
Sí, pero no al otro sujeto
– bufó Charlie.
–
Oye, mi hermano es… – me miró – no va a dejar que le pase nada a Nixie –
bufó volviendo a mirar a Charlie.
–
Eso espero – dijo él
levantando sus cejas.
–
Ya basta, iré a dejar estas
bolsas junto… al mesón de recepción – dije para calmar el ambiente un poco.
Asintieron en pleno silencio,
camine hacia dicho mesón cargando mi bolsa y la de Nixie, las dejé debajo de
éste y me escondí tras el mismo, necesitaba sentirme sola por un momento, oír el silencio dentro de mi cabeza,
necesitaba descansar de todo lo que estaba pasando en este momento, era
demasiado para mí.
–
Algún día esto acabará… –
susurré para mí misma, cerrando los ojos y apoyando mi cabeza contra la pared.
–
¿De verdad crees que eso
suceda algún día…? – preguntó alguien.
Abrí mis ojos un poco y lo miré
entrecerrando los mismos, era aquel sujeto que venía con mi hermana, creo que John era su nombre; cerré mis
ojos nuevamente e insistió en hablarme.
–
¿Sabes? No quisiera que mi
hijo tuviera que pasar por esto, creí que esto solo pasaba en las películas –
susurró.
–
No es por ser mala… pero en
verdad no me interesa…
–
¿Cómo que no? Tú te
preocupaste por tu hermana, es una situación complicada… el sobrevivir se hace
más difícil ¿no lo crees? – encogió sus ojos sabiendo que su respuesta me
dejaba 1 a
0.
–
Eso no tiene nada que ver –
bufé molesta, él tenia razón.
–
Quiero pedirte un favor…
Mischa – susurró.
Se agachó un poco para quedar a mi
altura, miró hacia los lados para asegurarse que nadie lo escuchase, claro, además de mí.
–
No quiero que nada malo le
pase a mi hijo… ¿podrías encargarte de cuidarlo…? Solo a él, a mí no, de mí no
te preocupes… pero no quiero que se lo coman esas cosas ¿entiendes? – levantó sus
cejas como dándome una orden.
–
No, no
entiendo – fruncí el seño – Tú hijo no es mi responsabilidad…
nadie de aquí lo es, mucho menos ustedes…
–
No puedes
ser tan mala… te estoy pidiendo que solo cuides a mi hijo, el resto en verdad
tampoco me importa – dijo apenado.
–
Solo velo
por mí y mi hermana, si sobreviven, pues genial… si les pasa algo yo no volveré
atrás a por ustedes – encogí más mis ojos.
–
Es solo
un niño…
–
No es mi
culpa que haya nacido – bufé fríamente.
Guardó silencio mirándome
quizá aterrado con lo que acababa de decirle, en verdad yo no suelo ser así,
pero con todo lo que estaba pasando eh cambiado más de lo que alguna vez imaginé.
Se levantó en pleno
silencio, y caminó nuevamente a las escaleras para quizá llegar al cuarto en
donde estaba su pequeño o sus amigos, que sé yo. Volví a apoyarme contra esa
pared tan dura y fría, respiré profundo… recordando buenos tiempos, anteriores
a que toda esta catástrofe ocurriera.
–
Los
chicos han llegado – dijo Murphy desde arriba del mesón.
–
Está bien
– sonreí levemente, poniéndome de pie.
Ingresaron ambos
victoriosos, sonrientes y agotados… pero
había un problema.
–
No puede
ser – susurré negando con mi cabeza, al mismo tiempo que cerraba mis ojos sin
poder creerlo.
–
Lo
siento, pero la eh encontrado… estaba sola, asustada y…
–
Nixie… –
la miré seria.
–
Mischa…
es solo una niña – suplicó.
Expulsé aire por mi boca
disgustada, acababa de discutir con un tipo sobre lo mismo y para variar mi
hermana me ah contradicho, una pequeña niña rubia, de unos asombrosos ojos
azules estaba tomada de su mano, estaba limpia, pero muy asustada. Eso me hizo
recordar, sí, recordar… cuando Nixie cayó
al río… bueno, no contaré esa historia. El caso es que tuve que
tranquilizarme y razonar mejor, esa niña
ahora era una carga más.
–
Hola
pequeñita – le dijo Murphy inclinándose a su altura.
–
No habla
mucho, está muy asustada… – dijo Connor.
–
¿Cómo se
llama? – pregunté para mostrarme interesada.
–
Alexa… –
sonrió Nixie.
–
¿Y ese
nombre de donde es? – miré a mi hermana.
–
Qué se
yo, pero es una linda chica, se quedará con nosotros… – encogió sus ojos.
–
Está bien
– bufé.
Tomé la bolsa de los
alimentos, sí, se la arrebaté a Connor y la dejé junto a las armas que habíamos
traído con Murphy, volví atrás del mesón y me fui a dormir, necesitaba
descansar después de todo lo que había pasado…
Pasaron las horas, pasó la
noche, no había ruido, desperté solo porque el sol entró por una de las
ventanas; me estiré un poco y me puse de pie, alerta en todo momento. Caminé al
otro lado del mesón y mi mirada quedó incrustada en aquella dulce imagen: Nixie durmió con la niña entre sus brazos,
apoyada contra una pared. Eso me hizo poner muy melancólica, recordando tal
vez a mi madre y a toda la mierda que tuve que vivir sin ella.
–
Es hora
de irnos – susurró Murphy en mi oído, asustándome.
–
¡Pero que
te sucede! – grité.
Este rió mientras yo lo
regañaba, apareció Connor cargando una escopeta y quedándose sonriendo al ver a
Nixie y la pequeña, con su hermano lo miramos sin decir nada.
–
¿Vas a
despertarlas o qué? – dijo Murphy.
–
¿Sabes lo
lindo de todo esto? – sonrió como nunca antes lo había visto.
–
¿Qué? –
dijimos al unísono.
–
Ella cree
que somos sus padres…
Con Murphy nos miramos
horrorizados, ¿acaso era verdad? ¿Pero en
qué momento estos dos se volvieron tan sensibles? Como sea, reaccionamos y
Murphy lo golpeo en la cabeza mientras yo fui en busca de mis armas.
–
Esto debe
ser una broma – susurré al ver una mochila rosa junto a las armas.
Reí, y la deje de lado,
aliste una pistola de mano mientras me cargaba al hombro una de mayor calibre
con silenciador para así no atraer a esas cosas inertes.
–
Esa es mi
mochila – bufó riendo Nixie, atrás de mí.
–
¿Esta
cosa es tuya… o de la niña?
–
Mía, me
la dio una anciana del grupo…
–
Pero que
mala cara te han visto ¿desde cuando te gusta Hello Kitty? – reí.
–
Cállate
idiota – rió sin mirarme.
Estábamos bien, hasta que
apareció la pequeña tras mi hermana, y junto a ella más sobrevivientes, los que
bajaron con la luz del sol. Perfecto, todos estaban despiertos… no podríamos
huir.
–
Buenos días
– dijo una mujer.
–
Hola –
dijimos los cuatro presentes.
–
Todos los miramos como
ellos nos miraron a nosotros, extrañados al ver a una niña entre nosotros, era
el momento de comenzar a dar explicaciones al respecto, aunque claro, lo peor
sería para mí contra ese sujeto del niño… ahora mi hermana también tenía a
cargo una pequeña y no podría dejarla morir si mi hermana no quería.
–
¿Quién es
ella? – preguntó Stu.
–
Es una
niña que encontramos en un edifico anoche – sonrió Connor.
–
¿Edificio?
¿No era que había salido en busca de armas y comida? – frunció el seño otro.
–
La
encontramos en un edificio camino al supermercado – frunció el seño Nixie.
–
Calma
todos, por favor, alistémonos y larguémonos de aquí ¿si? – dije molesta e irónica.
–
¿A dónde iremos?
– preguntaron varios.
Y ese era otro problema,
debíamos ira New York para tomar un barco e irnos a Europa, esa era la teoría
de Charlie para sobrevivir, se suponía que en Europa todo estaría bien, ¿y si no? ¿Y si todo el mundo ya estaba infectado? No teníamos idea a donde
debíamos ir… nada era seguro. Todos miraron a Connor, luego a mí y luego a
Nixie, más que mal ella los había traído hasta aquí.
– Hay que ir al
puerto de New York… para… – susurró Nixie.
–
No – dijo
Connor.
Todos lo miramos atónitos.
–
Debemos
ir a una estación de radio… debemos comunicarnos con alguien para saber a donde
ir, encontraremos una frecuencia desde Europa y así será seguro ir al puerto –
levantó sus cejas.
–
Es cierto
– susurré.
–
Bien,
entonces… ¿alguien sabe donde hay una estación de radio? – alzó la voz Nixie.
–
Yo sé –
levantó la mano la anciana del grupo.
–
Perfecto…
tú nos guiarás entonces…
Lo que nos faltaba, nuestras manos dependían de una anciana. Suspiré
histérica, no me gustaba para nada esto. Se abrieron las puertas gracias a las
patadas de los hermanos McManus, salimos Nixie y yo atrás de ellos, Subimos a
la camioneta de Connor junto con Charlie y la niña, Nixie montó su motocicleta
y frente al grupo de vehículos iba el Volkswagen en donde la anciana iba de
copiloto, entregándole indicaciones a ese tal Stu.
En cosa de una hora más o
menos pudimos avistar aquella estación de radio, de nombre WKJ 915.2, detuvimos los vehículos a unas dos cuadras, porque una
cerca nos detenía… y mucho silencio y paz siempre era malo.
–
¿Cómo entraremos?
– pregunté.
–
Saltaremos
la reja
–
¿Y como?
No entraremos todos… mejor vayamos solo nosotros – dijo Murphy.
–
Mischa…
¿puedes quedarte con la chica? – me miraron ambos.
–
¿Eh? – mi
cara se desfiguró.
–
Vayan
tranquilos, nos quedamos con ella – sonrió Nixie desde la ventana.
–
Está
bien, vamos – sonrió Connor.
¿Por qué permanecí callada? Algo me estaba pasando y realmente quiero
averiguarlo, mi liderazgo se estaba yendo por el excusado, tenía ira retenida,
pero mi voz no salía más allá de mi garganta; estaba dejando que ellos hicieran
todos cuando en verdad es a mí a quien le gusta disparar y volar cabezas…
Charlie fue con ellos, los
demás rodearon la camioneta en la que estaba con esta niña y a la que ingresó
Nixie luego que se fueran los chicos.
–
Debes
calmarte un poco, tus celos de poder no son para nada buenos… si sigues así
tendré que golpearte – me miró de reojo.
–
Estoy
haciendo mi mejor esfuerzo enana – susurré cerrando mis ojos y apoyando mi
cabeza contra el asiento.
–
Pues
pareciera que no – dijo apenada.
“No creas que no eh dado lo mejor de mí, porque
siempre que lo hago tú nunca te percatas de ello.”