domingo, 20 de noviembre de 2011

Capitulo 11.


CRÉEME, DE VERDAD QUIERO.
Narra: Mischa Bauer.

“Puede que mañana sea el día perfecto para soñar despierto, pero ten en cuenta que para que sea mañana abunda el tiempo, las razones y el porqué. No querrás quedarte parado mirando el cielo, viendo como los demás eligen una estrella ¿o sí...? Dime, ¿Qué estás esperando?”

Con Murphy habíamos llegado quizá dos horas antes que Connor y Nixie, lo cuál nos sorprendió bastante. Al llegar los sobrevivientes estaban inquietos y muy alertas, lo que nos provocó un poco de desconfianza… Es decir, ellos podrían haber estado dormidos, más que mal era de noche y nosotros nos encargaríamos de los muertos vivientes… ¿Por qué esperarnos despiertos?

         ¿Cómo les fue? – dijo Charlie nervioso.
         Bien, hemos conseguidos armas… y los chicos fueron por alimento – dijo Murphy rascando su nuca.
         ¿A dónde fueron?
         No lo sé, supongo que a un supermercado o un centro comercial… que mierda voy a saber yo – bufó McManus.
         Espero que no les haya pasado nada – dijo preocupado.
         Tranquilo, conoces a Nixie – sonreí de costado.
         Sí, pero no al otro sujeto – bufó Charlie.
         Oye, mi hermano es… – me miró – no va a dejar que le pase nada a Nixie – bufó volviendo a mirar a Charlie.
         Eso espero – dijo él levantando sus cejas.
         Ya basta, iré a dejar estas bolsas junto… al mesón de recepción – dije para calmar el ambiente un poco.

Asintieron en pleno silencio, camine hacia dicho mesón cargando mi bolsa y la de Nixie, las dejé debajo de éste y me escondí tras el mismo, necesitaba sentirme sola por un momento, oír el silencio dentro de mi cabeza, necesitaba descansar de todo lo que estaba pasando en este momento, era demasiado para mí.

         Algún día esto acabará… – susurré para mí misma, cerrando los ojos y apoyando mi cabeza contra la pared.
         ¿De verdad crees que eso suceda algún día…? – preguntó alguien.

Abrí mis ojos un poco y lo miré entrecerrando los mismos, era aquel sujeto que venía con mi hermana, creo que John era su nombre; cerré mis ojos nuevamente e insistió en hablarme.

         ¿Sabes? No quisiera que mi hijo tuviera que pasar por esto, creí que esto solo pasaba en las películas – susurró.
         No es por ser mala… pero en verdad no me interesa…
         ¿Cómo que no? Tú te preocupaste por tu hermana, es una situación complicada… el sobrevivir se hace más difícil ¿no lo crees? – encogió sus ojos sabiendo que su respuesta me dejaba 1 a 0.
         Eso no tiene nada que ver – bufé molesta, él tenia razón.
         Quiero pedirte un favor… Mischa – susurró.

Se agachó un poco para quedar a mi altura, miró hacia los lados para asegurarse que nadie lo escuchase, claro, además de mí.

         No quiero que nada malo le pase a mi hijo… ¿podrías encargarte de cuidarlo…? Solo a él, a mí no, de mí no te preocupes… pero no quiero que se lo coman esas cosas ¿entiendes? – levantó sus cejas como dándome una orden.
         No, no entiendo – fruncí el seño – Tú hijo no es mi responsabilidad… nadie de aquí lo es, mucho menos ustedes…
         No puedes ser tan mala… te estoy pidiendo que solo cuides a mi hijo, el resto en verdad tampoco me importa – dijo apenado.
         Solo velo por mí y mi hermana, si sobreviven, pues genial… si les pasa algo yo no volveré atrás a por ustedes – encogí más mis ojos.
         Es solo un niño…
         No es mi culpa que haya nacido – bufé fríamente.

Guardó silencio mirándome quizá aterrado con lo que acababa de decirle, en verdad yo no suelo ser así, pero con todo lo que estaba pasando eh cambiado más de lo que alguna vez imaginé.
Se levantó en pleno silencio, y caminó nuevamente a las escaleras para quizá llegar al cuarto en donde estaba su pequeño o sus amigos, que sé yo. Volví a apoyarme contra esa pared tan dura y fría, respiré profundo… recordando buenos tiempos, anteriores a que toda esta catástrofe ocurriera.

         Los chicos han llegado – dijo Murphy desde arriba del mesón.
         Está bien – sonreí levemente, poniéndome de pie.

Ingresaron ambos victoriosos, sonrientes y agotados… pero había un problema.

         No puede ser – susurré negando con mi cabeza, al mismo tiempo que cerraba mis ojos sin poder creerlo.
         Lo siento, pero la eh encontrado… estaba sola, asustada y…
         Nixie… – la miré seria.
         Mischa… es solo una niña – suplicó.

Expulsé aire por mi boca disgustada, acababa de discutir con un tipo sobre lo mismo y para variar mi hermana me ah contradicho, una pequeña niña rubia, de unos asombrosos ojos azules estaba tomada de su mano, estaba limpia, pero muy asustada. Eso me hizo recordar, sí, recordar… cuando Nixie cayó al río… bueno, no contaré esa historia. El caso es que tuve que tranquilizarme y razonar mejor, esa niña ahora era una carga más.

         Hola pequeñita – le dijo Murphy inclinándose a su altura.
         No habla mucho, está muy asustada… – dijo Connor.
         ¿Cómo se llama? – pregunté para mostrarme interesada.
         Alexa… – sonrió Nixie.
         ¿Y ese nombre de donde es? – miré a mi hermana.
         Qué se yo, pero es una linda chica, se quedará con nosotros… – encogió sus ojos.
         Está bien – bufé.

Tomé la bolsa de los alimentos, sí, se la arrebaté a Connor y la dejé junto a las armas que habíamos traído con Murphy, volví atrás del mesón y me fui a dormir, necesitaba descansar después de todo lo que había pasado…
Pasaron las horas, pasó la noche, no había ruido, desperté solo porque el sol entró por una de las ventanas; me estiré un poco y me puse de pie, alerta en todo momento. Caminé al otro lado del mesón y mi mirada quedó incrustada en aquella dulce imagen: Nixie durmió con la niña entre sus brazos, apoyada contra una pared. Eso me hizo poner muy melancólica, recordando tal vez a mi madre y a toda la mierda que tuve que vivir sin ella.

         Es hora de irnos – susurró Murphy en mi oído, asustándome.
         ¡Pero que te sucede! – grité.
         
Este rió mientras yo lo regañaba, apareció Connor cargando una escopeta y quedándose sonriendo al ver a Nixie y la pequeña, con su hermano lo miramos sin decir nada.

         ¿Vas a despertarlas o qué? – dijo Murphy.
         ¿Sabes lo lindo de todo esto? – sonrió como nunca antes lo había visto.
         ¿Qué? – dijimos al unísono.
         Ella cree que somos sus padres…
Con Murphy nos miramos horrorizados, ¿acaso era verdad? ¿Pero en qué momento estos dos se volvieron tan sensibles? Como sea, reaccionamos y Murphy lo golpeo en la cabeza mientras yo fui en busca de mis armas.

         Esto debe ser una broma – susurré al ver una mochila rosa junto a las armas.

Reí, y la deje de lado, aliste una pistola de mano mientras me cargaba al hombro una de mayor calibre con silenciador para así no atraer a esas cosas inertes.

         Esa es mi mochila – bufó riendo Nixie, atrás de mí.
         ¿Esta cosa es tuya… o de la niña?
         Mía, me la dio una anciana del grupo…
         Pero que mala cara te han visto ¿desde cuando te gusta Hello Kitty? – reí.
         Cállate idiota – rió sin mirarme.

Estábamos bien, hasta que apareció la pequeña tras mi hermana, y junto a ella más sobrevivientes, los que bajaron con la luz del sol. Perfecto, todos estaban despiertos… no podríamos huir.

         Buenos días – dijo una mujer.
         Hola – dijimos los cuatro presentes.
          
Todos los miramos como ellos nos miraron a nosotros, extrañados al ver a una niña entre nosotros, era el momento de comenzar a dar explicaciones al respecto, aunque claro, lo peor sería para mí contra ese sujeto del niño… ahora mi hermana también tenía a cargo una pequeña y no podría dejarla morir si mi hermana no quería.

         ¿Quién es ella? – preguntó Stu.
         Es una niña que encontramos en un edifico anoche – sonrió Connor.
         ¿Edificio? ¿No era que había salido en busca de armas y comida? – frunció el seño otro.
         La encontramos en un edificio camino al supermercado – frunció el seño Nixie.
         Calma todos, por favor, alistémonos y larguémonos de aquí ¿si? – dije molesta e irónica.
         ¿A dónde iremos? – preguntaron varios.

Y ese era otro problema, debíamos ira New York para tomar un barco e irnos a Europa, esa era la teoría de Charlie para sobrevivir, se suponía que en Europa todo estaría bien, ¿y si no? ¿Y si todo el mundo ya estaba infectado? No teníamos idea a donde debíamos ir… nada era seguro. Todos miraron a Connor, luego a mí y luego a Nixie, más que mal ella los había traído hasta aquí.

            –    Hay que ir al puerto de New York… para… – susurró Nixie.
         No – dijo Connor.

Todos lo miramos atónitos.

         Debemos ir a una estación de radio… debemos comunicarnos con alguien para saber a donde ir, encontraremos una frecuencia desde Europa y así será seguro ir al puerto – levantó sus cejas.
         Es cierto – susurré.
         Bien, entonces… ¿alguien sabe donde hay una estación de radio? – alzó la voz Nixie.
         Yo sé – levantó la mano la anciana del grupo.
         Perfecto… tú nos guiarás entonces…

Lo que nos faltaba, nuestras manos dependían de una anciana. Suspiré histérica, no me gustaba para nada esto. Se abrieron las puertas gracias a las patadas de los hermanos McManus, salimos Nixie y yo atrás de ellos, Subimos a la camioneta de Connor junto con Charlie y la niña, Nixie montó su motocicleta y frente al grupo de vehículos iba el Volkswagen en donde la anciana iba de copiloto, entregándole indicaciones a ese tal Stu.
En cosa de una hora más o menos pudimos avistar aquella estación de radio, de nombre WKJ 915.2, detuvimos los vehículos a unas dos cuadras, porque una cerca nos detenía… y mucho silencio y paz siempre era malo.

         ¿Cómo entraremos? – pregunté.
         Saltaremos la reja
         ¿Y como? No entraremos todos… mejor vayamos solo nosotros – dijo Murphy.
         Mischa… ¿puedes quedarte con la chica? – me miraron ambos.
         ¿Eh? – mi cara se desfiguró.
         Vayan tranquilos, nos quedamos con ella – sonrió Nixie desde la ventana.
         Está bien, vamos – sonrió Connor.

¿Por qué permanecí callada? Algo me estaba pasando y realmente quiero averiguarlo, mi liderazgo se estaba yendo por el excusado, tenía ira retenida, pero mi voz no salía más allá de mi garganta; estaba dejando que ellos hicieran todos cuando en verdad es a mí a quien le gusta disparar y volar cabezas…
Charlie fue con ellos, los demás rodearon la camioneta en la que estaba con esta niña y a la que ingresó Nixie luego que se fueran los chicos.

         Debes calmarte un poco, tus celos de poder no son para nada buenos… si sigues así tendré que golpearte – me miró de reojo.
         Estoy haciendo mi mejor esfuerzo enana – susurré cerrando mis ojos y apoyando mi cabeza contra el asiento.
         Pues pareciera que no – dijo apenada.

“No creas que no eh dado lo mejor de mí, porque siempre que lo hago tú nunca te percatas de ello.”

Capitulo 10.


DOS PUEDEN JUGAR EL MISMO JUEGO.

Narra: Nixie.

“Hoy, el Apocalipsis ha dejado de ser una mera referencia bíblica para convertirse en una posibilidad muy real. Nunca antes en el acontecer humano se nos había colocado tan al límite, entre la catástrofe y la supervivencia”

Salimos con precaución de aquella armería, caminando con cuidado de no tocar ningún vehículo, lo último que necesitábamos era que se activaran las alarmas de los automóviles. Connor iba delante de mí, como el líder que era, mirándome sobre su hombro cada cinco minutos, como si quisiera asegurarse de que seguía detrás de él.

–      ¿Sabes Connor?, no necesitas fijarte todo el tiempo si continúo siguiéndote –
–      Solo me aseguro de que te encuentres bien – respondió sin dejar de caminar.
–      No soy una niña pequeña, sé cómo cuidarme sola – reí – Aunque si me hubiera sucedido algo, te enterarías de inmediato –
–      ¿Qué te hace pensar que sería así? – preguntó sonriendo de costado.
–      Pues porque gritaría con todas mis fuerzas – sonreí.

Connor rió con mi comentario, era una risa grave y fuerte pero al mismo tiempo suave y agradable, encajaba perfecto con él. Luego de unos segundos me di cuenta de que seguía mirándolo, con la vista fija en su musculosa espalda y la mente perdida en el recuerdo del sonido de su risa, ¿qué demonios me sucedía? Nunca había sido tan poco profesional, necesitaba estar concentrada en lo que estábamos haciendo o eso podría costarnos la vida a ambos. Terminábamos de bordear un gran camión rojo que nos obstruía el paso cuando Connor se detuvo en seco, haciendo que chocara contra él.

–      Connor, ¿qué… ? –
–      ¡Silencio! – susurró haciéndome callar – Mira – dijo señalando al frente.

Mi respiración se detuvo y sentí como la sangre abandonaba mi cuerpo y mis manos comenzaban a temblar. Frente a nosotros había una horda de cadáveres moviéndose de un lado al otro en el estacionamiento de la tienda a la que nos dirigíamos, algunos buscaban desesperados algo que llevarse a la boca mientras otros comían lo que parecía haber sido un perro. Era una imagen tan desoladora y aterrorizante que por un momento dude de lo que estábamos haciendo. Sentí como algo me tiraba del brazo y deje escapar un pequeño grito. No fue fuerte pero se escucho lo suficiente como para llamar la atención de aquellas criaturas. Connor hecho a correr arrastrándome detrás de él, serpenteando los autos hasta que llegamos a un callejón. Mire hacia atrás con la esperanza de haber ganado distancia de los zombies pero para mi desgracia toda la conmoción había atraído a otras criaturas que se acercaban cada vez más y más a la salida del callejón, dejándonos atrapados en él.

–      ¡¿Qué haremos ahora?! – grité desesperada.
–      ¡Ven conmigo! – gritó, guiándome a unas escaleras contra incendios de uno de los edificios - ¡Sube! – ordenó.

No me gustaba recibir indicaciones, no importa de quién vinieran, pero en esta situación tuve que tragarme mi orgullo y hacer lo que me decían. Trepe lo más rápido que pude hasta la parte superior del edificio, seguida de cerca por Connor. Tomó mi mano y nos metimos en el interior de la edificación por una de esas puertas que conectan las escaleras con las terrazas de este tipo de construcciones. Entramos a un departamento de apariencia destruida, tenía un solo ambiente y el baño estaba en lo que parecía ser la habitación. No había camas, sólo dos colchones todos sucios tirados en el suelo con botellas de cerveza a su alrededor… Irlandesa, si no me equivocaba.

–      Woah, lindo… departamento – comenté.

Connor no me respondió, sólo se limitó a contestarme con algo parecido a un gruñido. Esto me tomó completamente por sorpresa, ¿qué demonios pasó con el Connor alegre y amable de hace unos minutos?  

–      ¿Connor? – pregunté.

Nada.

–      ¿Connor? – repetí, pensando que quizás no me había escuchado.

Nada.

–      Connor, háblame… – pedí.

Aún nada.

–      Como sea, vete al demonio imbécil – dije más para mí misma que para él.

Sin embargo, pareció escuchar lo que le dije porque me miró, se dio media vuelta y salió por la puerta hacia quién sabe dónde; no me importaba, nadie se da el lujo de ignorarme y no obtener nada a cambio. Aunque tal vez si debía preocuparme, después de todo, estaba sola en un departamento extraño en un edificio rodeado por muertos vivientes deseosos de comerse mi carne. Como fuere, debía pasar el tiempo de alguna manera así que me puse a inspeccionar el lugar. No encontré nada interesante, además de mugre, mugre y más mugre. ¿Qué tipo de persona es capaz siquiera de vivir en un lugar como éste?  Mire la hora en mi celular, Connor se había ido hacía aproximadamente 15 minutos. No pude evitar sentir una sensación extraña al darme cuenta del tiempo, pero eso no podía ser preocupación… ¿o sí? ¡Apenas si conocía al tipo! Sin embargo, él si parecía preocuparse por mí… No sé cuánto tiempo estuve sumida en mis pensamientos, pero cuando regrese a la realidad estaba recostada sobre una de las camas y había ruido en la cocina. Giré mi cabeza para ver que estaba sucediendo y vi que Connor había regresado con varias bolsas y dos mochilas llenas de cosas. Me levanté del colchón en el que al parecer me había quedado dormida y sacudí mi ropa, para quitar todo el polvo que pudiera tener. Caminé hasta la mesa en la cocina, donde me senté en una de sus sillas. Connor estaba revisando lo que había en el interior de las bolsas… comida.

–      Veo que trajiste comida – comenté.
–      …  –
–      ¿Por qué no fuiste conmigo? – pregunté molesta.
–      …  –
–      ¡Connor respóndeme, maldita sea! – grité enfadada.
–      ¡Porque casi nos matas la primera vez! –

Me quedé en silencio mirándolo atónita, nadie me gritaba así además de Mischa y ni siquiera gritaba tanto.

–      Yo… -
–      No quiero tener que cargar con la culpa de que te sucedió algo estando conmigo. Si quieres matarte adelante, pero hazlo estando sola –
–      Yo… no fue… mi culpa –
–      Pues fuiste tú la que gritó –
–      ¡Porque tú me tomaste del brazo sin previo aviso! ¡¿Cómo querías que reaccionara después de ver eso?! ¡¿Tranquila como si nada?! Tal vez tú y tu hermano ya se hayan acostumbrado a esta situación pero yo no, así que no me vengas a echar la culpa a mí por no soportar la idea de que puedo morir en cualquier momento en manos de esas cosas repugnantes –

Esta vez él se quedo callado, parecía sorprendido con lo que le había dicho. Quizás nunca nadie le había respondido así, quizás teníamos más en común de lo que pensaba, quizás…

–      Disculpa… tienes razón, no sé que me sucedió…. No suelo ser tan grosero con la gente –
–      No te disculpes conmigo sólo porque fuiste grosero, discúlpate conmigo porque lo sientes –
–      Lo siento… Nixie –

Sonreí al escucharlo pronunciar mi nombre, sonaba bien viniendo de él.

–      Yo lamento haber provocado que casi nos maten –

Sonreímos mutuamente, aceptando ambas disculpas. Tomamos las cosas que Connor había traído y salimos sigilosamente de aquel departamento. Caminamos por los pasillos del edificio, lentamente, con todos nuestros sentidos puestos en las puertas y en los rincones. Bajamos hasta el segundo piso sin encontrar ninguna sorpresa desagradable; había una puerta de un departamento entre abierta y un extraño sonido venía del interior.

–         ¿Qué es eso? – preguntó Connor.
–         Parece que alguien estuviera llorando –

Nos miramos a los ojos y asentimos; tomamos nuestras armas y con una señal, abrimos la puerta. El interior estaba oscuro pero se notaba que el lugar era casi tan pequeño como el departamento en el que habíamos entrado al principio, el sonido se detuvo de golpe; luego de unos minutos comenzó de nuevo pero esta vez un poco más fuerte. Buscamos el sonido, él por la derecha y yo por la izquierda, fui a la habitación donde había un gran colchón con una pequeña cama al lado.

–         ¿Encontraste algo? –
–         No, pero creo que el ruido viene de aquí –
–         Ningún adulto puede esconderse ahí –
–         Tal vez no sea un adulto –

Guardé mi arma en mi cinturón, me agaché lentamente, arrodillándome en el piso. Con una mano tomé la colcha que cubría la cama y la levanté levemente, lo suficiente como para ver debajo. El ruido se detuvo de nuevo; tomé mi celular y alumbré debajo debajo de la cama.

–         Connor… ven a ver esto – dije, abriendo mis ojos.
–         ¿Qué es? – preguntó, agachándose - ¿Qué…? –

Arrojé mi celular y extendí tranquila mi mano debajo del mueble, lentamente para no asustarla.

–         Toma mi mano… no te haré daño – sonreí.

Una pequeña mano tomó la mía. Cuidadosamente la saqué de su escondite y la ayudé a levantarse. Era una pequeña niña, estaba muy fría y parecía que no había comido en días. Mire a Connor, quien tenía una expresión perpleja en su rostro; me devolvió la mirada, sorprendido con lo que sucedía. Vio la decisión en mi mirada y supo que sin importar lo que dijera, no iba a hacerme cambiar de parecer, por lo que se limitó a asentir. Giré mi rostro para mirar a la criatura que acabábamos de encontrarnos, sonriéndole dulcemente.

–         Vendrás con nosotros –

“Cuando creas que todo está perdido, que no hay forma de sobrevivir, no te rindas… ¡levántate y lucha! Sólo los cobardes se esconden de sus miedos… Esas son las personas que no merecen vivir, no merecen una segunda oportunidad… puesto que nunca podrás saber que decidió depararte el destino…”

viernes, 18 de noviembre de 2011

Capitulo 9.


ESTO NO ESTABA EN MIS PLANES.
Narra: Mischa Bauer.

“Puede que jamás vuelvas a sentir tus piernas, jamás vuelvas a mover tus brazos, pero jamás volverás a sonreír con aquella persona que ahora ya no está.”

Aquel abrazo fue lo mejor que me pudo haber pasado luego de haber visto tantos muertos caminando por la ciudad. La apreté con tales fuerzas que pidió que la soltase, en verdad me tenía demasiado preocupada, más aún sabiendo las locuras de las que es capaz de hacer.

         No puedo creer que estés bien – sonreí acariciando su nuca.
         ¿Creías que iba a morir así de fácil? – rió egocéntricamente.
         No, claro que no – sonreí.
         ¿Quiénes son ellos? – preguntó Murphy mirando con desprecio a los sobrevivientes que venían con mi hermana.
         Oh bien, ellos son… personas que encontré y quieren… vivir – levantó sus cejas.
         Son muchos… – susurró Connor.
         ¿Quién es él? – me susurró en el oído Nixie, sonriendo.
         Es Connor, el hermano del idiota de Murphy. Pero no lo mires, tú tienes a Murphy – fruncí el seño riendo.
         Oye, es bastante guapo – rió en voz baja.
         Nixie, ¿Qué haremos con los vehículos? – preguntó uno de los sujetos.
         No hagan nada, los necesitaremos – sonrió Connor, como un líder.

Murphy se acercó a mi hermana y la abrazó, cerró sus ojos y eso me hizo reír aunque de cierto modo me sentí un poco incómoda. Nixie sonrió como lo hace siempre para no hacer sentir mal a las personas, pero al parecer de verdad ese sujeto estaba preocupado por ella…

         Me alegro tanto que estés bien…
         Gracias… por preocuparte – sonrió ella mirándolo a los ojos.
         ¿Te hicieron daño…? ¿Algo…? – tomó su rostro entre sus manos.
         Emh… pues no, no te preocupes Murphy – sonrió Nixie, cohibida.
         Está bien, déjala en paz – alcé la voz un poco.
         Claro – sonrió nervioso.
         Que mala eres – me miró sonriendo de costado.
         ¿Qué haremos ahora? – preguntó un sujeto irónico hacia mi hermana.
         ¿Quién es ese? – encogí mis ojos observándolo.
         ¿Ese idiota? Se llama Stu y cree ser mejor que nosotras…
         ¿Cómo que idiota? Sigues con eso – frunció el seño.
         Ya, tranquilos… no debemos perder la calma – dijo otro sujeto.
         Hay muchas cosas que se deben aclarar – dijo Charlie anteponiéndose a los hechos.

Todos lo miraron extrañados, en verdad nadie sabía quien era quien, y mucho menos lo que pensábamos hacer ahora que estábamos todos reunidos. Es decir, está bien, nos salvamos, ¿pero ahora qué?

Puedo sentir el miedo en tu interior, no te dejes llevar por lo que los demás tengan para decir, tú eres mucho mejor que todos ellos, recuérdalo.

Quizá mi madre si tenía razón, pero el problema era ¿Cómo hacerme notar si ya teníamos un líder? No quería quedar como la chica que quiere robarse el poder, pero realmente mis ideas eran mucho mejores que las del sexy hermano de Murphy.

         ¿Qué haremos ahora? – preguntó Nixie alistando su arma.
         Creo que lo mejor sería buscar alimentos y llevarlos a los vehículos, después de todo no nos quedaremos aquí – frunció el seño Connor.
         Lo mejor sería pasar la noche aquí, solo por hoy y partir mañana a penas amanezca, creo que eso sería lo mejor, hay niños presentes y no sería bueno arriesgarlos de noche – miré al rubio.
         Si, tiene razón la chica, es mejor que nos quedemos aquí esta noche, después de todo… es un hotel – sonrió John.
         Y por cierto me llamo Mischa, y soy la hermana de Nixie – miré a la pequeña.
         Sí, llámenla por su nombre – rió Nixie.
         Es hora de prepararnos – dijo Connor alistando su arma.
         ¿Prepararnos para qué? – dijo Nixie extrañada.
         Saldremos a buscar comida, y veremos también si encontramos algunas armas en la armería que queda a dos cuadras de aquí… ¿Quién viene con nosotros? – dijo Murphy encogiendo sus ojos.
         Yo voy – dije decidida, debía demostrar que era dura de derrotar.
         Entonces Nixie se queda – sonrió Connor, muy sensual.
         ¿EH? ¡No! Yo quiero ir, necesito conseguir una buena pistola – frunció el seño.
         Entonces Charlie, tú te quedas con lo sobrevivientes… alguien debe quedarse y vigilarlos – levantó una ceja Murphy.
         ¿Por qué yo?
         Eres el único que habló al final, entonces te quedas mientras nosotros vamos rápido… ¿alguien más quiere ir? – miró al resto de las personas.
         Yo voy… – dijo Stu.
         ¿Tú? – rió Nixie.
         Anda, ven con nosotros… ¿sabes usar armas? – lo miré.
         Eso… creo – rió complicado.
         Entonces quédate, no me encargaré de cuidarte, solo vamos los que sabemos usar bien estas cosas… no vaya a ser que te caigas y te dispares a ti mismo – dijo Connor fríamente.

Hizo una mueca de disgusto, pero no reclamó, no le convenía al vernos con armas. Como sea, salimos del hotel en pleno silencio, dejando adentro al pequeño niño con el resto de adultos y jóvenes que Nixie había traído; alisté mi arma y me preocupé de mi hermana que venía atrás de mí, Murphy cubría la retaguardia y Connor lideraba el grupo, sí… yo iba tras él.

         No hagan el mínimo ruido, solo caminen y eviten tocar los autos, creo que tienen activadas las alarmas y eso no es para nada bueno – susurró mirándonos atrás.

Todos asentimos preocupados, miramos con cautela aquellos autos que sí, definitivamente tenían activadas sus alarmas, si los tocábamos estábamos fritos… el ruido atraería a cientos de aquellas cosas aterradoras. Curvas a la izquierda y un camino recto nos llevó hasta aquella armería: “REFLUX”. Que nombre extraño para ser un local en donde podías salir siendo todo un Rambo; bueno, seguimos nuestro camino, llegamos a la entrada principal y tuvimos la suerte de encontrar la puerta abierta, ingresamos sigilosos para no provocar escándalo, esos zombies estaban rondando muy cerca de nosotros.

         Tienes un lindo trasero – dijo Murphy cuando ingresamos a la tienda.
         ¿Gracias? – rió Nixie.
         No agradezcas muñeca – sonrió.
         Dejen de hablar y tomen lo que más puedan y pónganlo en las bolsas – dijo molesto Connor.

Nos lanzó una gran bolsa de esas que son militares y cada uno eligió las armas que queríamos, en verdad Connor tenía tres, Murphy dos y Nixie una al igual que yo, quizá ellos llevarían más armas al resto que aguardaba en el hotel. Tardamos quizá unos quince minutos cuando nos dimos cuenta que necesitábamos comida.

         Oigan… ¿Dónde conseguiremos comida? – los miré.
         Mierda… – susurró Murphy.
         Yo voy – dijo Nixie alistando una escopeta.
         Yo te acompaño – agregó Connor.
         ¡Oye! – gritó Murphy mirando a Connor.
         Es hora de que volvamos al hotel… deja que vayan – dije seria.
         Hazle caso a Mischa, nosotros no tardaremos – sonrió Connor.

Nos miramos molestos con Murphy, sabíamos perfectamente que había muchos pensamientos al respecto de esa frase, pero en verdad me interesaba que trajeran comida, nos hacía falta… Tomé la bolsa con mis armas y abrí la puerta, vi como se alejaron ambos con precaución, Murphy se trajo dos de las bolsas de Connor para que no tuvieran problemas.

         ¿Te gusta mi hermana? – pregunté para romper el silencio mientras caminábamos.
         ¿Te gusta mi hermano? – preguntó sin responder.
         Mejor cambiemos de tema – bufé riendo.
         ¿Qué haremos con la gente?
         ¿A que te refieres? – me extrañé.
         Son un estorbo… no podremos protegerlos a todos, ninguno sabe usar un arma, y la comida que alcancemos a recolectar no será suficiente para todos… Tenemos que tomar muchas decisiones…
         No lo sé… creo que debemos dejar que mueran solos – reí.
         Eres cruel – rió.
         Mi trabajo y la dura vida que eh llevado me condenan a ser así – sonreí de costado.
         ¿Tan dura ha sido? – se detuvo a mirarme.
         Tú no me conoces… Murphy – miré el horizonte.
         Me gustaría conocerte, claro… si dejas de insultarme – frunció el seño.
         Mi madre murió cuando yo era niña, mi padre… desapareció cuando era una adolescente, me dediqué a criar a Nixie desde que éramos pequeñas… no fuimos a la escuela, el padre de Charlie nos pagó profesores privados y… Heme aquí lo que soy ahora – sonreí irónica.
         ¿Cómo aprendiste a usar tan bien las armas…? ¿Cómo aprendieron tan buena técnica? – preguntó curioso.
         Por ocio… nuestro padre era asesino, lo heredamos. Cuando tuvimos la primera oportunidad nos volvimos caza recompensas ¿sabes? Y aprender a disparar no nos costó mucho, aunque sinceramente soy mejor yo que mi hermana, ella es mejor con armas de segundo grado…. Ya sabes Bates, hachas, espadas… esas cosas, aunque tiene una gran técnica en armas – sonreí.
         Woah, eso es una vida dura… bastante para ser sincero… veo que has hecho un gran trabajo cuidando de tu hermana, se nota que son como una sola – sonrió.
         Lo somos, no puedo vivir sabiendo que ella está en problemas, después que murió mamá… prometí que jamás la abandonaría, aunque tuviera que dar mi vida por ella…

“No hables mal de mí, no me juzgues con esos ojos entrecerrados… ni se te ocurra opinar sobre mi experiencia, porque en verdad tú no me conoces, no tienes idea de quien soy.”