DOS
PUEDEN JUGAR EL MISMO JUEGO.
Narra: Nixie.
“Hoy,
el Apocalipsis ha dejado de ser una mera referencia bíblica para convertirse en
una posibilidad muy real. Nunca antes en el acontecer humano se nos había
colocado tan al límite, entre la catástrofe y la supervivencia”
Salimos
con precaución de aquella armería, caminando con cuidado de no tocar ningún
vehículo, lo último que necesitábamos era que se activaran las alarmas de los
automóviles. Connor iba delante de mí, como el líder que era, mirándome sobre
su hombro cada cinco minutos, como si quisiera asegurarse de que seguía detrás
de él.
–
¿Sabes Connor?, no necesitas fijarte todo el tiempo si continúo siguiéndote –
–
Solo me aseguro de que te encuentres bien – respondió sin dejar de caminar.
–
No soy una niña pequeña, sé cómo cuidarme sola – reí – Aunque si me hubiera
sucedido algo, te enterarías de inmediato –
–
¿Qué te hace pensar que sería así? – preguntó sonriendo de costado.
–
Pues porque gritaría con todas mis fuerzas – sonreí.
Connor
rió con mi comentario, era una risa grave y fuerte pero al mismo tiempo suave y
agradable, encajaba perfecto con él. Luego de unos segundos me di cuenta de que
seguía mirándolo, con la vista fija en su musculosa espalda y la mente perdida
en el recuerdo del sonido de su risa, ¿qué demonios me sucedía? Nunca había sido tan
poco profesional, necesitaba estar concentrada en lo que estábamos haciendo o
eso podría costarnos la vida a ambos. Terminábamos de bordear un gran camión
rojo que nos obstruía el paso cuando Connor se detuvo en seco, haciendo que
chocara contra él.
–
Connor, ¿qué… ? –
–
¡Silencio! – susurró haciéndome callar – Mira – dijo señalando al frente.
Mi
respiración se detuvo y sentí como la sangre abandonaba mi cuerpo y mis manos
comenzaban a temblar. Frente a nosotros había una horda de cadáveres moviéndose
de un lado al otro en el estacionamiento de la tienda a la que nos dirigíamos,
algunos buscaban desesperados algo que llevarse a la boca mientras otros comían
lo que parecía haber sido un perro. Era una imagen tan desoladora y
aterrorizante que por un momento dude de lo que estábamos haciendo. Sentí como
algo me tiraba del brazo y deje escapar un pequeño grito. No fue fuerte pero se
escucho lo suficiente como para llamar la atención de aquellas criaturas.
Connor hecho a correr arrastrándome detrás de él, serpenteando los autos hasta
que llegamos a un callejón. Mire hacia atrás con la esperanza de haber ganado
distancia de los zombies pero para mi desgracia toda la conmoción había atraído
a otras criaturas que se acercaban cada vez más y más a la salida del callejón,
dejándonos atrapados en él.
–
¡¿Qué haremos ahora?! – grité desesperada.
–
¡Ven conmigo! – gritó, guiándome a unas escaleras contra incendios de uno de
los edificios - ¡Sube! – ordenó.
No
me gustaba recibir indicaciones, no importa de quién vinieran, pero en esta
situación tuve que tragarme mi orgullo y hacer lo que me decían. Trepe lo más
rápido que pude hasta la parte superior del edificio, seguida de cerca por
Connor. Tomó mi mano y nos metimos en el interior de la edificación por una de
esas puertas que conectan las escaleras con las terrazas de este tipo de
construcciones. Entramos a un departamento de apariencia destruida, tenía un solo
ambiente y el baño estaba en lo que parecía ser la habitación. No había camas,
sólo dos colchones todos sucios tirados en el suelo con botellas de cerveza a
su alrededor… Irlandesa, si no me equivocaba.
–
Woah, lindo… departamento – comenté.
Connor
no me respondió, sólo se limitó a contestarme con algo parecido a un gruñido.
Esto me tomó completamente por sorpresa, ¿qué demonios pasó con el Connor alegre y amable de hace
unos minutos?
–
¿Connor? – pregunté.
Nada.
–
¿Connor? – repetí, pensando que quizás no me había escuchado.
Nada.
–
Connor, háblame… – pedí.
Aún nada.
–
Como sea, vete al demonio imbécil – dije más para mí misma que para él.
Sin
embargo, pareció escuchar lo que le dije porque me miró, se dio media vuelta y
salió por la puerta hacia quién sabe dónde; no me importaba, nadie se da el
lujo de ignorarme y no obtener nada a cambio. Aunque tal vez si debía
preocuparme, después de todo, estaba sola en un departamento extraño en un
edificio rodeado por muertos vivientes deseosos de comerse mi carne. Como
fuere, debía pasar el tiempo de alguna manera así que me puse a inspeccionar el
lugar. No encontré nada interesante, además de mugre, mugre y más mugre. ¿Qué
tipo de persona es capaz siquiera de vivir en un lugar como éste? Mire la
hora en mi celular, Connor se había ido hacía aproximadamente 15 minutos. No
pude evitar sentir una sensación extraña al darme cuenta del tiempo, pero eso
no podía ser preocupación… ¿o sí? ¡Apenas si
conocía al tipo! Sin embargo, él si parecía preocuparse por mí… No sé cuánto
tiempo estuve sumida en mis pensamientos, pero cuando regrese a la realidad
estaba recostada sobre una de las camas y había ruido en la cocina. Giré mi
cabeza para ver que estaba sucediendo y vi que Connor había regresado con
varias bolsas y dos mochilas llenas de cosas. Me levanté del colchón en el que
al parecer me había quedado dormida y sacudí mi ropa, para quitar todo el polvo
que pudiera tener. Caminé hasta la mesa en la cocina, donde me senté en una de
sus sillas. Connor estaba revisando lo que había en el interior de las bolsas…
comida.
–
Veo que trajiste comida – comenté.
–
… –
–
¿Por qué no fuiste conmigo? – pregunté molesta.
–
… –
–
¡Connor respóndeme, maldita sea! – grité enfadada.
–
¡Porque casi nos matas la primera vez! –
Me
quedé en silencio mirándolo atónita, nadie me gritaba así además de Mischa y ni
siquiera gritaba tanto.
–
Yo… -
–
No quiero tener que cargar con la culpa de que te sucedió algo estando conmigo.
Si quieres matarte adelante, pero hazlo estando sola –
–
Yo… no fue… mi culpa –
–
Pues fuiste tú la que gritó –
–
¡Porque tú me tomaste del brazo sin previo aviso! ¡¿Cómo querías que
reaccionara después de ver eso?! ¡¿Tranquila como si nada?! Tal vez tú y tu
hermano ya se hayan acostumbrado a esta situación pero yo no, así que no me
vengas a echar la culpa a mí por no soportar la idea de que puedo morir en
cualquier momento en manos de esas cosas repugnantes –
Esta
vez él se quedo callado, parecía sorprendido con lo que le había dicho. Quizás
nunca nadie le había respondido así, quizás teníamos más en común de lo que
pensaba, quizás…
–
Disculpa… tienes razón, no sé que me sucedió…. No suelo ser tan grosero con la
gente –
–
No te disculpes conmigo sólo porque fuiste grosero, discúlpate conmigo porque
lo sientes –
–
Lo siento… Nixie –
Sonreí
al escucharlo pronunciar mi nombre, sonaba bien viniendo de él.
–
Yo lamento haber provocado que casi nos maten –
Sonreímos
mutuamente, aceptando ambas disculpas. Tomamos las cosas que Connor había
traído y salimos sigilosamente de aquel departamento. Caminamos por los
pasillos del edificio, lentamente, con todos nuestros sentidos puestos en las
puertas y en los rincones. Bajamos hasta el segundo piso sin encontrar ninguna
sorpresa desagradable; había una puerta de un departamento entre abierta y un
extraño sonido venía del interior.
–
¿Qué es eso? – preguntó Connor.
–
Parece que alguien estuviera llorando –
Nos
miramos a los ojos y asentimos; tomamos nuestras armas y con una señal, abrimos
la puerta. El interior estaba oscuro pero se notaba que el lugar era casi tan
pequeño como el departamento en el que habíamos entrado al principio, el sonido
se detuvo de golpe; luego de unos minutos comenzó de nuevo pero esta vez un
poco más fuerte. Buscamos el sonido, él por la derecha y yo por la izquierda,
fui a la habitación donde había un gran colchón con una pequeña cama al lado.
–
¿Encontraste algo? –
–
No, pero creo que el ruido viene de aquí –
–
Ningún adulto puede esconderse ahí –
–
Tal vez no sea un adulto –
Guardé
mi arma en mi cinturón, me agaché lentamente, arrodillándome en el piso. Con
una mano tomé la colcha que cubría la cama y la levanté levemente, lo
suficiente como para ver debajo. El ruido se detuvo de nuevo; tomé mi celular y
alumbré debajo debajo de la cama.
–
Connor… ven a ver esto – dije, abriendo mis ojos.
–
¿Qué es? – preguntó, agachándose - ¿Qué…? –
Arrojé
mi celular y extendí tranquila mi mano debajo del mueble, lentamente para no
asustarla.
–
Toma mi mano… no te haré daño – sonreí.
Una
pequeña mano tomó la mía. Cuidadosamente la saqué de su escondite y la ayudé a
levantarse. Era una pequeña niña, estaba muy fría y parecía que no había comido
en días. Mire a Connor, quien tenía una expresión perpleja en su rostro; me
devolvió la mirada, sorprendido con lo que sucedía. Vio la decisión en mi
mirada y supo que sin importar lo que dijera, no iba a hacerme cambiar de
parecer, por lo que se limitó a asentir. Giré mi rostro para mirar a la
criatura que acabábamos de encontrarnos, sonriéndole dulcemente.
–
Vendrás con nosotros –
“Cuando creas que todo está perdido, que no hay
forma de sobrevivir, no te rindas… ¡levántate y lucha! Sólo los cobardes se
esconden de sus miedos… Esas son las personas que no merecen vivir, no merecen
una segunda oportunidad… puesto que nunca podrás saber que decidió depararte el
destino…”
No hay comentarios:
Publicar un comentario