ESTO
NO ESTABA EN MIS PLANES.
Narra: Mischa Bauer.
“Puede que jamás vuelvas a sentir tus
piernas, jamás vuelvas a mover tus brazos, pero jamás volverás a sonreír con
aquella persona que ahora ya no está.”
Aquel abrazo fue lo mejor que me
pudo haber pasado luego de haber visto tantos muertos caminando por la ciudad.
La apreté con tales fuerzas que pidió que la soltase, en verdad me tenía
demasiado preocupada, más aún sabiendo las locuras de las que es capaz de
hacer.
–
No puedo creer que estés bien – sonreí acariciando su nuca.
–
¿Creías que iba a morir así de fácil? – rió
egocéntricamente.
–
No, claro que no – sonreí.
–
¿Quiénes son ellos? –
preguntó Murphy mirando con desprecio a los sobrevivientes que venían con mi
hermana.
–
Oh bien, ellos son…
personas que encontré y quieren… vivir – levantó sus cejas.
–
Son muchos… – susurró Connor.
–
¿Quién es él? – me susurró en el oído Nixie, sonriendo.
–
Es Connor, el hermano del idiota de Murphy. Pero no lo
mires, tú tienes a Murphy – fruncí el seño riendo.
–
Oye, es bastante guapo – rió en voz baja.
–
Nixie, ¿Qué haremos con los vehículos? – preguntó uno de
los sujetos.
–
No hagan nada, los
necesitaremos – sonrió Connor, como un líder.
Murphy se acercó a mi hermana y la
abrazó, cerró sus ojos y eso me hizo reír aunque de cierto modo me sentí un
poco incómoda. Nixie sonrió como lo hace siempre para no hacer sentir mal a las
personas, pero al parecer de verdad ese sujeto estaba preocupado por ella…
–
Me alegro tanto que estés
bien…
–
Gracias… por preocuparte –
sonrió ella mirándolo a los ojos.
–
¿Te hicieron daño…? ¿Algo…?
– tomó su rostro entre sus manos.
–
Emh… pues no, no te
preocupes Murphy – sonrió Nixie, cohibida.
–
Está bien, déjala en paz –
alcé la voz un poco.
–
Claro – sonrió nervioso.
–
Que mala eres – me miró
sonriendo de costado.
–
¿Qué haremos ahora? –
preguntó un sujeto irónico hacia mi hermana.
–
¿Quién es ese? – encogí mis
ojos observándolo.
–
¿Ese idiota? Se llama Stu y
cree ser mejor que nosotras…
–
¿Cómo que idiota? Sigues
con eso – frunció el seño.
–
Ya, tranquilos… no debemos
perder la calma – dijo otro sujeto.
–
Hay muchas cosas que se deben
aclarar – dijo Charlie anteponiéndose a los hechos.
Todos lo miraron
extrañados, en verdad nadie sabía quien era quien, y mucho menos lo que
pensábamos hacer ahora que estábamos todos reunidos. Es decir, está bien, nos
salvamos, ¿pero ahora qué?
Puedo sentir el miedo en tu interior, no te dejes
llevar por lo que los demás tengan para decir, tú eres mucho mejor que todos
ellos, recuérdalo.
Quizá mi madre si tenía
razón, pero el problema era ¿Cómo hacerme notar si ya teníamos un líder? No
quería quedar como la chica que quiere robarse el poder, pero realmente mis
ideas eran mucho mejores que las del sexy hermano de Murphy.
–
¿Qué haremos ahora? –
preguntó Nixie alistando su arma.
–
Creo que lo mejor sería
buscar alimentos y llevarlos a los vehículos, después de todo no nos quedaremos
aquí – frunció el seño Connor.
–
Lo mejor
sería pasar la noche aquí, solo por hoy y partir mañana a penas amanezca, creo
que eso sería lo mejor, hay niños presentes y no sería bueno arriesgarlos de
noche – miré al rubio.
–
Si, tiene
razón la chica, es mejor que nos quedemos aquí esta noche, después de todo… es
un hotel – sonrió John.
–
Y por
cierto me llamo Mischa, y soy la hermana de Nixie – miré a la pequeña.
–
Sí,
llámenla por su nombre – rió Nixie.
–
Es hora
de prepararnos – dijo Connor alistando su arma.
–
¿Prepararnos
para qué? – dijo Nixie extrañada.
–
Saldremos
a buscar comida, y veremos también si encontramos algunas armas en la armería
que queda a dos cuadras de aquí… ¿Quién viene con nosotros? – dijo Murphy
encogiendo sus ojos.
–
Yo voy –
dije decidida, debía demostrar que era dura de derrotar.
–
Entonces
Nixie se queda – sonrió Connor, muy sensual.
–
¿EH? ¡No!
Yo quiero ir, necesito conseguir una buena pistola – frunció el seño.
–
Entonces
Charlie, tú te quedas con lo sobrevivientes… alguien debe quedarse y vigilarlos
– levantó una ceja Murphy.
–
¿Por qué
yo?
–
Eres el único
que habló al final, entonces te quedas mientras nosotros vamos rápido… ¿alguien
más quiere ir? – miró al resto de las personas.
–
Yo voy… –
dijo Stu.
–
¿Tú? – rió
Nixie.
–
Anda, ven
con nosotros… ¿sabes usar armas? – lo miré.
–
Eso… creo
– rió complicado.
–
Entonces
quédate, no me encargaré de cuidarte, solo vamos los que sabemos usar bien
estas cosas… no vaya a ser que te caigas y te dispares a ti mismo – dijo Connor
fríamente.
Hizo una mueca de disgusto,
pero no reclamó, no le convenía al vernos con armas. Como sea, salimos del
hotel en pleno silencio, dejando adentro al pequeño niño con el resto de
adultos y jóvenes que Nixie había traído; alisté mi arma y me preocupé de mi
hermana que venía atrás de mí, Murphy cubría la retaguardia y Connor lideraba
el grupo, sí… yo iba tras él.
–
No hagan
el mínimo ruido, solo caminen y eviten tocar los autos, creo que tienen
activadas las alarmas y eso no es para nada bueno – susurró mirándonos atrás.
Todos asentimos
preocupados, miramos con cautela aquellos autos que sí, definitivamente tenían
activadas sus alarmas, si los tocábamos estábamos fritos… el ruido atraería a
cientos de aquellas cosas aterradoras. Curvas a la izquierda y un camino recto
nos llevó hasta aquella armería: “REFLUX”.
Que nombre extraño para ser un local en donde podías salir siendo todo un Rambo;
bueno, seguimos nuestro camino, llegamos a la entrada principal y tuvimos la
suerte de encontrar la puerta abierta, ingresamos sigilosos para no provocar escándalo,
esos zombies estaban rondando muy cerca de nosotros.
–
Tienes un
lindo trasero – dijo Murphy cuando ingresamos a la tienda.
–
¿Gracias?
– rió Nixie.
–
No
agradezcas muñeca – sonrió.
–
Dejen de
hablar y tomen lo que más puedan y pónganlo en las bolsas – dijo molesto
Connor.
Nos lanzó una gran bolsa
de esas que son militares y cada uno eligió las armas que queríamos, en verdad
Connor tenía tres, Murphy dos y Nixie una al igual que yo, quizá ellos llevarían
más armas al resto que aguardaba en el hotel. Tardamos quizá unos quince
minutos cuando nos dimos cuenta que necesitábamos comida.
–
Oigan… ¿Dónde
conseguiremos comida? – los miré.
–
Mierda… –
susurró Murphy.
–
Yo voy –
dijo Nixie alistando una escopeta.
–
Yo te
acompaño – agregó Connor.
–
¡Oye! –
gritó Murphy mirando a Connor.
–
Es hora
de que volvamos al hotel… deja que vayan – dije seria.
–
Hazle
caso a Mischa, nosotros no tardaremos – sonrió Connor.
Nos miramos molestos con
Murphy, sabíamos perfectamente que había muchos pensamientos al respecto de esa
frase, pero en verdad me interesaba que trajeran comida, nos hacía falta… Tomé
la bolsa con mis armas y abrí la puerta, vi como se alejaron ambos con precaución,
Murphy se trajo dos de las bolsas de Connor para que no tuvieran problemas.
–
¿Te gusta
mi hermana? – pregunté para romper el silencio mientras caminábamos.
–
¿Te gusta
mi hermano? – preguntó sin responder.
–
Mejor
cambiemos de tema – bufé riendo.
–
¿Qué haremos
con la gente?
–
¿A que te
refieres? – me extrañé.
–
Son un
estorbo… no podremos protegerlos a todos, ninguno sabe usar un arma, y la
comida que alcancemos a recolectar no será suficiente para todos… Tenemos que
tomar muchas decisiones…
–
No lo sé…
creo que debemos dejar que mueran solos – reí.
–
Eres
cruel – rió.
–
Mi
trabajo y la dura vida que eh llevado me condenan a ser así – sonreí de
costado.
–
¿Tan dura
ha sido? – se detuvo a mirarme.
–
Tú no me
conoces… Murphy – miré el horizonte.
–
Me gustaría
conocerte, claro… si dejas de insultarme – frunció el seño.
–
Mi madre
murió cuando yo era niña, mi padre… desapareció cuando era una adolescente, me
dediqué a criar a Nixie desde que éramos pequeñas… no fuimos a la escuela, el
padre de Charlie nos pagó profesores privados y… Heme aquí lo que soy ahora –
sonreí irónica.
–
¿Cómo aprendiste
a usar tan bien las armas…? ¿Cómo aprendieron tan buena técnica? – preguntó curioso.
–
Por ocio…
nuestro padre era asesino, lo heredamos. Cuando tuvimos la primera oportunidad
nos volvimos caza recompensas ¿sabes? Y aprender a disparar no nos costó mucho,
aunque sinceramente soy mejor yo que mi hermana, ella es mejor con armas de
segundo grado…. Ya sabes Bates, hachas, espadas… esas cosas, aunque tiene una
gran técnica en armas – sonreí.
–
Woah, eso
es una vida dura… bastante para ser sincero… veo que has hecho un gran trabajo
cuidando de tu hermana, se nota que son como una sola – sonrió.
–
Lo somos,
no puedo vivir sabiendo que ella está en problemas, después que murió mamá…
prometí que jamás la abandonaría, aunque tuviera que dar mi vida por ella…
“No hables mal de mí, no me juzgues con esos ojos
entrecerrados… ni se te ocurra opinar sobre mi experiencia, porque en verdad tú
no me conoces, no tienes idea de quien soy.”
No hay comentarios:
Publicar un comentario