sábado, 4 de agosto de 2012

Capitulo 12.

Narra: Nixie Bauer.




“Es hora de que te rindas, de que te des por vencida y abandones todas tus esperanzas... pequeña niña estúpida, ¿acaso no lo ves? No hay nadie esperándote más allá del horizonte.”

Suspiré ansiosamente, recostando mi cabeza en el respaldo del asiento y cerrando mis ojos. Los muchachos se habían ido hacía quién sabe cuanto, quizás una hora o más, el sol se encontraba en su punto más alto, indicando que ya era mediodía. Miré de reojo a Mischa, quien se veía incluso más ansiosa que yo, mordía sus uñas sin piedad y asomaba la cabeza por la ventanilla de la camioneta cada cinco minutos.


– ¿Puedes quedarte quieta? Estás comenzando a fastidiarme – resoplé, mirando al frente.
– Están tardando demasiado…
– Seguro se encuentran bien, no tienes por qué preocuparte… ellos pueden cuidarse solos – dije, volteándome para ver que Alexa dormía plácidamente en el asiento trasero.
– No lo sé… Charlie ha estado raro últimamente, no ha sido el mismo desde la muerte de Derek…

Me hundí en mi asiento ante la mención de su nombre, su muerte me había afectado más de lo que esperaba, sorprendiéndome incluso a mí misma. Nunca había sido partidaria de las emociones, ni siquiera de pequeña. “Tan fría como un iceberg, tan dura como una roca, no permites que nadie penetre tu coraza de indiferencia… eres especial mi niña, diferente al resto”  Es lo que mi madre solía decirme; la noticia sobre Derek me había caído como un balde de agua helada y, con todo lo que estaba sucediendo a nuestro alrededor, sólo podía pensar en desaparecer de este infierno en el que nos veíamos obligados a vivir diariamente. Bajé la mirada y contemplé mis pies, deseando que de alguna forma, el cuero del asiento se abriera y me tragara para siempre. Sentía la mirada de mi hermana sobre mí… quizás se había dado cuenta de lo que estaba pensando. El murmullo de la gente que nos acompañaba llamó nuestra atención y uno de los sujetos se acercó rápidamente a la camioneta.

        ¿Qué sucede? – pregunté incorporándome.
        Stu divisó a un grupo de esas cosas rondando cerca de la estación de radio – respondió complicado.
        ¿Qué tan cerca de Charlie y los otros estaban? – preguntó Mischa apresurada, metiéndose en la conversación.

Antes de que el sujeto siquiera pudiera comenzar a responder, Mischa ya había saltado del vehículo, arma en mano, corriendo en dirección al alambrado que separaba a la estación de nuestro grupo. Corrí detrás de ella, sin antes dejar indicaciones de que cuidaran a la pequeña niña que milagrosamente aún dormía tranquilamente. Bordeó la estación de radio a gran velocidad, yo la seguía de cerca, gritándole que se detuviera y regresara.

        Idiota… ¿qué… mierda… haces? – dije agitadamente una vez que nos detuvimos.
        Tenemos que entrar y avisarles de los zombies – me miró fijamente – Podemos meternos por una ventana detrás de aquel basurero – dijo señalando dicho contenedor.
        No podemos dejarlos solos, no saben como defenderse de esas cosas…
        Ellos no son de nuestra incumbencia – espetó.
        Alexa lo es para Connor y para mí – respondí.

Se hizo un tenso silencio entre nosotras, mi impasible mirada se encontró con la suya desafiante, negro contra marrón, en una inadvertida lucha por el control de la situación.

        Como quieras – dijo, decepcionada.

Y así sin más, se dio la vuelta y corrió hacia el contenedor, usándolo como ayuda para trepar por la ventana. Me quedé en silencio, sin mover un solo músculo, esperando oír disparos dentro del edificio pero no se escuchaba nada, ni siquiera el crujir de los vidrios, ni los casi imperceptibles pasos de Mischa.

Lentamente regresé al grupo y subí nuevamente a la camioneta, todos me observaban de manera extraña, escrutinando cada uno de mis movimientos. La preocupación comenzaba a carcomerme lentamente, no sólo estaba preocupada por Charlie, Connor y Murphy, sino que ahora se les había sumado mi hermana.

Un suave suspiro en la parte trasera hizo que me volteara, mis ojos se encontraron con los hermosos orbes azules de aquella niña que rescatamos.

        ¿Dónde está papá? – murmuró, mientras restregaba uno de sus ojos.
        Fue a hacer algo muy importante… pero volverá pronto, no te preocupes – le dije dulcemente, acariciando sus dorados cabellos.
        ¿Qué es ese lugar? – señaló la construcción que se erigía delante de nosotros.
        Es una estación de radio y sirve para escuchar música – respondí sonriendo levemente.

“Guarda algún recuerdo de tu pasado, o de lo contrario... ¿cómo comprobarás que no fue un sueño?”

Alexa me recordaba mucho a mí o, al menos, a lo que recordaba de mi infancia. Era inteligente y atenta, siempre observando su entorno y dispuesta a obedecer órdenes en las situaciones correctas. De pronto, un gran estruendo se hizo presente como un cuchillo, cortando el silencio en el que estábamos sumidos. Al parecer provenía de la estación. Me incorporé de un salto y dirigí mi cuerpo hacia las personas que nos acompañaban.

        ¿Qué demonios fue eso? –
        Sonó como si algo pesado hubiera caído al suelo – contestó tímidamente una de las mujeres.

Observé el edificio con mis ojos entrecerrados; me encontraba casi al borde de la histeria, sin embargo, no podía permitirme ser débil en estos momentos. Todas estas personas dependían de mí y me seguían como si fuera su líder… no quería ni pensar en lo que podría suceder si notaban la inseguridad en mi accionar. 

Podía sentirse una suave brisa, anunciando el comienzo del invierno y llevándose consigo el final de una época de felicidad, en donde uno solo se preocupaba por los regalos que compraría en navidad y no por sobrevivir. Mis cabellos se alborotaron, provocándome cosquillas en el rostro. Inspiré profundamente para tranquilizarme y, con una última mirada a la pequeña niña, comencé a caminar en dirección al basurero. Una vez allí, me aseguré que no hubiera caminantes cerca y trepé por la ventana.

El interior era oscuro, a penas alumbrado por el sol proveniente del exterior, con trozos de vidrio desparramados por el suelo de madera. Había cajas contra las paredes y todo el lugar estaba cubierto de polvo y telas de araña. Salí de la habitación y recorrí lo que parecía ser una especie de recibidor; no había rastros de lucha ni de los muchachos. Más adelante, visualicé una abertura que llevaba a unas escaleras en forma de caracol, así que, tomando mi Beretta, me dirigí hacia allí. Subí por aquellas escaleras lentamente, las tablas que la formaban estaban deterioradas por los años y crujían a cada paso que daba. Al llegar al segundo piso observé tres puertas, todas distribuidas perpendicularmente a la posición en la que actualmente me encontraba pero solo una de ellas estaba ligeramente abierta. Podían oírse ruidos detrás de esta, como si alguien estuviera revisando lo que sea fuera que hubiera ahí… un ligero escalofríos recorrió mi espina dorsal, había algo en todo esto que me ponía nerviosa. Luego de unos instantes el ruido se detuvo y observé con horror como la puerta se abría lentamente, emitiendo un grito de dolor, dando paso a las criaturas que se escondían en aquella habitación.

Corrí hacia la planta baja, buscando una puerta o alguna abertura donde pudiera refugiarme, el sonido de mis pasos retumbaba contra las paredes produciendo un efecto estremecedor. Sabía que las criaturas me estaban siguiendo, podía oír los gemidos detrás de mí. Giré en una esquina y me encaminé hacia el final del pasillo, encontrándome con un final muerto; no había vuelta atrás, estaba atrapada por esas criaturas… mi fin había llegado finalmente.

Una mano me tomó de la cintura y, bruscamente, empujó mi cuerpo al interior de una habitación que no había distinguido en la oscuridad. Hubo un instante de tensión mientras esos seres se alejaban, podía sentir como mis músculos se tensaban ante la adrenalina.

        ¿Estás bien? – preguntaron, una vez que se habían alejado completamente.
        ¿Quién eres? – pregunté incorporándome, adoptando una posición defensiva.
        De nada, fue un placer salvarte la vida – ironizó.

El cuarto estaba sumido en la oscuridad pero, aún así, sabía que estaba sonriendo. La voz se me hacía vagamente familiar pero no lograba reconocerla por completo.

        ¿Quién eres? – repetí firmemente.
        Tranquila muchacha, soy yo, Murphy – respondió riendo.
        Dios… eres un idiota, ¿sabías eso? Podría haberte matado – contesté sonriendo de lado, me sentía más tranquila ahora que no estaba sola, aunque no quisiera admitirlo.

Luego de asegurarnos que no hubiera moros en la costa, avanzamos por el pasillo contrario en el que se habían perdido los caminantes, él me guió hasta lo que parecía ser un sótano. El lugar estaba repleto de equipos de radio averiados, transmisores y sistemas radiantes completamente destruidos y cientos de cajas con cables.

        Esto parece un cementerio de aparatos electrónicos – dijo Murphy riendo ligeramente.
        ¿Dónde están los demás? – pregunté ignorando su comentario por completo.
        Escondidos aquí abajo… encontramos una especie de cuarto de pánico – señaló una esquina de la habitación – Al parecer los sujetos que trabajaban aquí se refugiaron allí, sin embargo no hayamos rastros de vida –

Era posible vislumbrar un leve astro de luz proveniente de aquella esquina, dibujando casi imperceptiblemente los bordes de una pequeña puerta ubicada contra la pared, podían oírse voces que venían del interior. Golpeé suavemente y esperé a que me abrieran.

        ¡Nixie! ¿Tú también estás aquí? – preguntó Charlie sorprendido.
        ¿…También?
        Vaya, miren quien decidió unírsenos…

Volteé rápidamente, mi cabello volando a mi alrededor, para encontrarme con su rostro, mirándome con una ceja levantada y su típica sonrisa de superioridad. Estaba recostada contra una de las paredes, la puerta de la habitación bloqueaba su vista, provocando que la pasara por alto.

        ¡TÚ! – grité – Esto es lo más estúpido que has hecho hasta ahora, la parte superior del edificio está infestado por zombies, ¡podrías haber muerto!
        Pero no lo hice, ¿o sí?  – sonrió de media luna – Mira, es mejor así. Este es el lugar perfecto para planear nuestro próximo movimiento sin que nadie nos interrumpa o nos espíen –
        Como sea… – resoplé molesta – ¿Qué tienes en mente? –
        Debemos deshacernos de tus acompañantes, son una enorme carga que nos hace más propensos a los accidentes, sin contar que son más bocas para alimentar y la comida es algo que debemos cuidar a cualquier costo –
        No podemos matarlos si eso es lo que insinúas – intervino Connor.
        ¿Quién dijo que lo haríamos nosotros? El lugar es la trampa perfecta… solo necesitamos guiarlos hasta el primer piso y listo, las criaturas harán el resto –
        Tienes que estar bromeando… ¿cómo puedes pensar en algo como eso? – preguntó Charlie horrorizado.
        Es obvio que ellos no confían en nosotros, sólo en Nixie. No sabemos de lo que son capaces y no voy a esperar sentada a que intenten matarme –

Un tenso silencio se hizo presente en el lugar, Charlie negaba con la cabeza, totalmente aterrorizado por la idea de Mischa mientras los demás sopesábamos los pros y los contras de aquella decisión. Sonaba lógico porque, seamos honestos, los alimentos escaseaban al igual que las armas y no podríamos protegerlos a todos las 24 horas, pero por el otro lado eran vidas humanas, inocentes que nunca quisieron verse envueltos en esta situación. Sin embargo… yo era una asesina, esa era mi profesión, el trabajo que adoraba hacer.

        ¿Por qué no lo ponemos a votación? – preguntó Murphy – Los que estén a favor levanten la mano –

Elevé mi mano lentamente pero segura de mi decisión, seguida por los hermanos MacManus, quienes intercambiaron una mirada antes de aceptar la idea. La última en hacerlo fue mi hermana. Charlie se quedó ahí, parado como una estatua, asimilando lo que veía; levanto su mano, dudando de sus acciones, pero ya no había vuelta atrás, la decisión estaba tomada, era unánime, mataríamos a toda aquella gente.

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