sábado, 9 de julio de 2011

Capitulo 2.

COMIENZA EL JUEGO...
Narra: Nixie Bauer.

- Nixie - La voz de Mischa me despertó de mi tranquilo sueño – Despiértate Nixie -

Forcé mis ojos a que se abrieran y miré el reloj sobre mi mesa de luz.

- ¡Maldita seas Mischa! ¡Son las seis de la mañana! - gruñí. Madrugar, definitivamente no es lo mío. Sin embargo, hizo como si no hubiera notado el tono molesto en mi voz.
- Anda, tenemos que empacar -
- ¿Empacar para qué? ¡No me digas que la policía nos encontró! - grité saltando de un brinco de mi cama. 

Mischa me miraba con una de sus caras.

- Claro que no idiota - rió – Frederick nos encomendó una nueva misión, ¿lo olvidaste? -
- ¿Enserio piensas que voy a realizar un asesinato que resulte beneficioso para el viejo ese? ¿Después de que Charlie nos dijera que nos quiere matar? – le pregunté perpleja.
- De hecho… sí - volvió a reír. Dios, como odio que se ría en momentos como estos.
- Estás demente - la miré seria.
- ¡Más respeto! - me dio un leve golpe en la cabeza – Tengo un plan -

La miré atenta. Realmente no era cosa de ella idear planes.

Luego de que me explicara su plan, no podía estar más sorprendida. Si lo efectuábamos correctamente, era justo lo que necesitábamos para salir vivas de esto. Sólo debíamos preguntarle a Charlie y a Derek si estaban dispuestos a ayudarnos aunque, conociéndolos como los conocía, sería capaz de apostar mi brazo derecho a que aceptarían. Además, los tipos como ellos tienen ese gusto por la acción y las peleas que supongo, es por los genes masculinos.

- Así que mejor empaca. Nos vamos en una hora -
- ¿Dónde es que iremos? - pregunté.
- Boston - sonrió.

“No eches raíces en un sitio, muévete, pues no eres un árbol, para ello tienes dos pies. El hombre más sabio es el que sabe que su hogar es tan grande como pueda imaginar…”

Tomé una ducha rápida, me vestí, sequé y alisé mi cabello, delineé mis ojos y comencé a empacar mis cosas. Justo cuando logré cerrar mi última maleta un auto hizo sonar su bocina desde la entrada. Pude oír a mi hermana gritándome para que bajara.

 - ¿En qué piensas tan concentrada? - me preguntó Mischa, sacándome de mis pensamientos.
- Oh, en nada… no te preocupes - respondí mordiendo mi labio inferior.
- Pues a juzgar por tu mirada y por como haces con la boca no creo que sea nada - dijo –Sabes que puedes contarme pequeña -
- Es que se me ocurrió pensar que para llevar a cabo tu idea, con sólo el apoyo de Charlie y Derek, no será suficiente y, sino encontramos más personas u otra agencia que nos secunde para acabar con Frederick, lo más seguro es que nos maten a los cuatro si decidimos atacar -

Un silencio incómodo se hizo presente entre nosotras.

- Jamás permitiría que te hicieran daño ni que te alejaran de mí. Desde la muerte de mamá hemos estado juntas, cuidándonos la una a la otra. En estos 24 años nunca nos hemos separado y la verdad, no pienso comenzar ahora -

Una emoción tranquilizadora recorrió mi cuerpo. Aunque sonara egoísta, me alegraba saber que estaría con ella en toda circunstancia, pasara lo que pasara y que nadie, mucho menos un maldito viejo, podría separarnos.

- Te amo enana - me dijo abrazándome.
- Al igual que yo a ti anciana - respondí riéndome.


El viaje duró un día y medio. Al llegar a Boston nos dirigimos a un hotel desde donde me comuniqué con Derek.

- ¿…Hola? - me contestó dormido desde su teléfono.
- ¿Derek? - pregunté.
- ¿Nixie? - preguntó asombrado.
- Lamento llamar tan tarde y haberte despertado - dije.
- No te preocupes - sentí que sonreía del otro lado de la línea mientras ahogaba un bostezo.
- Es que necesitaba hablarte de algo importante -
- Está bien. ¿Qué sucede? - curioso, preguntó.
- … - guardé silencio.
- ¿Nixie? –
- Derek… estamos en Boston –

Guardó silencio. Los minutos se transformaron en horas, parecía que nunca se acabaría. Comencé a cuestionar la decisión que había tomado de llamarlo. Mischa me lo había advertido.

- Deberías esperar hasta mañana en la mañana. Estará más despierto y lúcido para comprender el plan. Además, para la hora en que lo llames yo ya habré hablado con Charlie. Tú sabes como es él, siempre reaccionando “torpemente” a lo que no le gusta y, déjame decirte, que no le agradará que estés aquí. Charlie podrá tranquilizarlo.

- ¿Sigues ahí? – me atreví a preguntar luego de una interminable espera.
- Sí, aquí estoy – respondió.
- ¿Estás enojado? – pregunté tímidamente.
- No estoy conforme con la situación – respondió de manera tajante.
- Lo siento – contesté – Pero esta es la única manera de vengarnos –
- ¿Qué hay de los pasajes para Londres? Eran un excelente plan que por su testarudez no quisieron seguir. –
- No vamos a huir de él, Derek. ¡Mató a nuestra madre! Esta venganza nos corresponde… -
- ¡No estoy discutiendo eso! ¡¿Qué no ven que son dos niñas, dos estúpidas niñas que no saben en lo que se están metiendo?! –
- ¡Momento! ¡No somos ni niñas, ni estúpidas! ¡Tú eres el idiota que no quiere comprender! –
- Mira… no quise decir que lo fueran, es sólo que me preocupan. Especialmente tú Nixie. Sueles ser tan testaruda y explosiva que temo que al enfrentarte a Frederick salgas herida. – dijo ya más tranquilo.
- ¿Sugieres que soy mala en lo que hago? – pregunté de manera fría y dura.
- No, claro que no. Eres excelente en tu trabajo. Sólo… suponte que llegaran a estar frente a frente con el viejo. No dejará que lo maten, no quiere que lo maten, por lo que intentará todas las salidas posibles para escapar. Claro está que no puede competir en lo físico dado a la gran diferencia de edad. Eso significa que su única salida será atacarlas por el lado psicológico. –
- No veo el problema. Somos duras y frías cuando es necesario –
- ¡Por Dios Nixie! – contestó frustrado – Utilizará a su madre como arma –

La respuesta cayó sobre mí como un balde de agua fría. ¡¿Cómo nunca se me pasó por la cabeza?! Era tan obvio que jamás lo pensé.

- Lamento haberte gritado de esa manera – dijo.
- Está bien – contesté.
- Me preocupas cariño – respondió.

Buena manera de hacerme sentir mejor.

- Increíble. Esta debe ser la primera vez que me llamas así – dije con asombro.
- No es cierto – rió – Es la segunda –
  
“El amor de tus hijos y hacia tus hijos, es eso que te hace despertar cada día, te da aliento, esperanzas y fuerzas para afrontar todos los obstáculos y retos que se te presenten en la vida. (…) Y al final, agradecerás a Dios por ese amor que te acompañó cuando más lo necesitabas.”  Sabias frases de nuestra madre Monick.

Si no fuera por ella, su dedicación y este hermoso libro de frases que me sacó de tantas depresiones, no estaría aquí. Porque la verdad, lo único que se necesita para salir adelante es una frase, una palabra o, incluso, un suspiro de aliento.

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