sábado, 9 de julio de 2011

Capitulo 3.

NO CREAS QUE NO LO HE PENSADO...
Narra: Mischa Bauer.

Los pesados recuerdos comenzaban a atormentarme de una manera permanente, quisiera poder tomar decisiones sin pensar en el bienestar de aquella chica que cargo bajo mi poder de autoridad. Su cuerpo reposado junto a mí en este lugar me traía más de algunas viejas memorias, como aquel paseo familiar… el primero sin mamá.
Me asomé por la ventana para ver ya el aclarecido día, encendí el viejo televisor que teníamos en nuestra nueva casa, más bien dicho guarida. La cosa era en blanco y negro, lo que me hacía sentir mas desdichada… ¿acaso podría empeorar nuestra situación? Y la verdad es que sí. Las noticias, con grandes letras llamativas de quien sabe que color, pero blancas para mis ojos, llamaban mi atención.
Esta habitación del hotel hacía retumbar el sonido escandaloso del periodista que mostraba ese televisor, su gran micrófono llamaba mi atención y no me dejaba procesar lo que veía… miles de personas muertas, parecía un holocausto.

“Gran alarma nuclear en Manhattan, miles de personas muertas y otras tantas con graves daños en su piel… hemos visto cosas malas, pero nada se compara con esto. Parece sacado de una película de terror… la gente grita con fuerza y te persigue sin razón, para ser sincero tengo mucho miedo… no sabemos con que más nos vamos a encontrar…”

            – Pero que diablos está pasando… - dije sorprendida.

Nixie despertó con ese pequeño y suave susurro, me miró con la vista cansada, recién estaba despertando de un largo sueño, su siesta matutina, es una vaga en todas sus letras.

            – ¿Qué pasó?
– No lo creerías, pero acaba de desbordarse una planta nuclear cerca de aquí – pestañeé lentamente.
            – ¿Si? No me importa – rió.
            – Nunca te importa nada – reí.
            – Mejor así, menos preocupaciones…

Tenía razón, lo que papá siempre nos dijo “Mientras menos preocupaciones, mucho mejor…” ¿Por qué diablos teníamos que ser tan diferentes entre nosotras? Ella tan igual al viejo y yo tan igual a mamá, diablos… a veces las cosas sin darnos cuenta son más abrumadoras.

            – Será mejor que pongamos en marcha todo
            – ¿A qué te refieres? – bufó media dormida aún.
– Tenemos que comprar las cosas para el lugar donde viviremos, debemos comprarnos ropa nueva, hacernos un cambio de estilo: cortes de pelo, marcas, tatuajes… ya sabes idiota. Oh y buscar un lugar donde vivir, no pienso quedarme en esta habitación de hotel todo este tiempo…
– Eres tan gruñona que a veces no te soporto – me sacó la lengua.
– Infantil – reí.

Nos levantamos ya vestidas porque así dormimos, tomé mi chaqueta y nos sentamos en esa mesa casi vacía que había junto al televisor antiguo. Nixie trajo a la mesa una maleta grande y pesada que dentro de ella tenía todas nuestras falsas identidades, nuestras pelucas, nuestros pasaportes falsos… todo lo que no éramos.

“Nunca abandones a aquel ser que te acompañó en ese intenso y largo recorrido, aunque nunca quisiste formar parte de su vida, estuviste presente en ella más tiempo del que tu recuerdas“.

Aceleramos los motores, salimos en esa motocicleta que suele conducir mi hermana, su juguete favorito, llegamos a la tienda de ropa… no sabíamos que elegir, ahora debíamos parecer diferentes, elegantes y sofisticadas, mujeres de la alta sociedad.

– ¿Estás segura que debo comprarme esto? – bufó Nixie probándose vestidos de alta costura.
– Claro, es lo necesario para que los sujetos crean que somos como ellos – levanté una ceja.
– No me gusta el rosa, además no me combina – rió poniendo una de sus caras burlonas.
– Pues elige otro color idiota – reí
– Es que debo parecer una chica tonta, entonces el rosa es más común entre las tontas que cualquier otro tipo de color, además… creo que me veo más delgada
– Como digas – seguí riendo.

La chica que nos tomaba las medidas nos miraba riendo, se debe haber sentido incómoda con nuestra pelea sin sentido, hubo un momento que se sintieron estruendos por la vía pública, con Nixie nos asombramos, la chica fue a ver que estaba sucediendo y no volvió más…

            – ¿Dónde diablos se metió? – fruncí el seño.
            – Quizá esto es un asalto – rió Nixie.
            – ¿Trajiste las armas?
            – Como olvidar a las pequeñas – sonrió de costado.

Nos sacamos esos lujosos vestidos y nos vestimos como estamos usualmente, nos quitamos las pelucas al ver el lugar ampliamente vacío.

            – Esto no pinta nada bien… - miré de costado a Nixie.
            – Pero que diablos… - apuntó a un televisor en lo alto.

“ALERTA EN MANHATTAN, SEATTLE, BOSTON, WASHINGTON…”

            – Pero que está pasando…
            – No lo sé, pero lo averiguaremos… - dijo decidida.

Corrió sigilosamente a la vitrina que dejaba resaltar unos bellos trajes masculinos y femeninos, y por entre los maniquís pudo ver a gente corriendo de un lugar a otro, autos chocando unos con otros y mucha sangre que hacia resaltar a los cadáveres en medio de la avenida.

            – Mischa… creo que tienes que ver esto… - gritó desde la ventanilla.

Caminé hasta donde ella estaba, sigilosamente me adentré entre los maniquís y pude observar el caos que había afuera, era como una de esas películas aterradoras que no te gustaría ver sola de noche.

            – ¿Pero que…? – abrí grandes mis ojos.
            – ¿Son… zombies? – me miró asombrada.
            – Eso parece…

Tranquilamente salimos del lugar con nuestras armas en la mano, miramos el lugar en donde estaba estacionada la motocicleta y nos miramos pensativas al ver nuestro transporte rodeado de esas cosas caminantes, sin raciocinio.

            – ¡Mi motocicleta….! – hizo pucheros.
– Calma, tú dispárales a los del oriente y yo a los del occidente, así la montamos rápido y nos llevas al hotel ¿de acuerdo? – la miré dándole una orden.
            – Bien, hagámoslo – rió como una loca.

Sonreí de costado y nos acercamos con cuidado, ella por un lado y yo por el otro, asintió y comenzamos a disparar a quemarropa. Esto no pintaba nada bien, con el ruido se acercaban más y más de esos cuerpos sin vida, inertes… la adrenalina comenzaba a hacer efecto en cada una, de una manera diferente. Ella comenzaba a actuar sin pensar en las consecuencias y yo iniciaba mis pensamientos calculadores, toda situación ameritaba una acción y un desenlace producido por mi parte.

            – Estas cosas parecen multiplicarse – gritó en frente mío, rodeada de ellos.
            – ¡Solo dispara! – grité con un miedo sin sentido.

El olor que provenía de esos cuerpos caminantes era repugnante, daba asco y nauseas ácidas, nunca en mi vida había sentido tantas ganas de vomitar. Nixie llegó a la motocicleta y los cuerpos comenzaron a acercarse más y más, las balas se me estaban agotando y la desesperación en mí estaba apareciendo…

            – ¡Vámonos de aquí Mischa! – encendió el motor.

Aceleró llevándose tras ella unos cuantos, pero abandonándome allí entre una gran multitud que se me estaba viniendo encima.
– ¡Hija de puta… como se le ocurre abandonarme ahora…! - grité disgustada mientras disparaba en las cabezas de los sujetos.

Sentí su motor acercándose a la lejanía, una mano tomó mi brazo y me hizo sentar tras ella, guardé mi arma y emprendimos el rumbo al hotel, que sí… quedaba muy lejos.

            – Pensé que me habías dejado…
            – No soy una cobarde como tu crees hermanita – dijo enojada.
            – ¿Qué son esas cosas? – susurré mirando atrás.
            – No lo sé, pero sean lo que sean están por todas partes…

Me sujeté de su cintura, tiré el arma sin balas y cargué la otra que tenía, mi teléfono sonó… era Charlie.

            – ¿Dónde están…? – preguntaba agitado.
            – En medio de una horda de zombies… ¿y tú? – dije agobiada.
– ¿Qué? ¿Zombies? Demonios… vayan al hotel rápido, con Derek vamos en camino. – cortó acelerado.
            – ¿Quién era?
            – Charlie… vienen en camino con Derek…
            – No puedo creer que esto esté pasando… - susurré.

“El camino se pone difícil, las mentiras destruyen todo tipo de esperanza futura que alguna vez surgió entre dos seres… ¿podrás volver a confiar nuevamente en alguien que no dudó en mentirte una vez? Hay un 99% de que sus palabras sean falsas, si una vez lo hicieron ¿quién dice que no lo harán otra vez?”

Oh madre… dondequiera que estés, ayúdanos.

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